martes, 22 de mayo de 2012

¡Hemos llegado a las puertas de MORDOR!

A quien no escucha:
El estruendo es cada vez más fuerte. Es el grito de los que no nos conformamos con la injusticia. De los que queremos que esos delincuentes con corbata y sonrisa displicente paguen con la cárcel sus delitos, sus estafas millonarias que sumen a las personas en la desesperación y en la miseria.
Desde este pequeño foro me sumo a la iniciativa de lucha contra la Banca, contra el poder de Mordor, que amenaza con estrangular todos los derechos y todos los sueños que la humanidad ha ido conquistando con el sacrificio y la lucha de muchas personas que creyeron en la igualdad y en la justicia para todos. Y digo para TODOS. Aprendamos de países como Islandia y digamos BASTA.
¡No dejemos que nos amordacen!
Mordor y sus secuaces cometieron un error: hace años que dejaron que los pobres accediéramos a la cultura, permitieron la escolarización gratuita y crearon hobbits preparados para luchar por sus derechos y por su dignidad. Ahora quieren rectificar y regresar a aquellos tiempos en los que sólo podían estudiar los que tenían dinero.
Ya lo decía Carmen, el personaje principal de la novela de Delibes Cinco horas con Mario:
"...hay vocaciones para pobres y vocaciones para gente bien, cada uno en su clase, creo yo, que a este paso, a la vuelta de un par de años, el mundo al revés, los pobres de ingenieros y la gente pudiente arreglando los plomos de la luz, fíjate qué gracia."
Y fue en los años sesenta del pasado siglo...Desde entonces ha llovido mucho y han germinado muchas semillas plantadas, y ahora vienen unos jardineros  de alta cuna y quieren podar las plantas, recortarnos las ramas e impedir que crezcamos, no se lo vamos a poner fácil, aunque nos roben descaradamente los frutos de nuestro esfuerzo.
En un día como hoy, también quiero rendir homenaje a todos aquellos que permitieron que una chica de clase humilde como yo tuviera acceso a la cultura gracias a la escuela pública:
¡Que no nos quiten el derecho a aprender!

lunes, 14 de mayo de 2012

Ghandi nos sonríe...

Ghandi nos sonríe y nos saluda desde el paraíso de los que jamás se rindieron porque sabían que su lucha era justa y necesaria.

Es importante que no nos pueda la impaciencia ni el desaliento; igual que en las grandes epopeyas, los héroes no se dejan abatir por las penalidades ni por los que dudan de su valía.

Una destacable diferencia es que en las plazas no se baten contra un contendiente de carne y hueso ni el trofeo es la mano de la princesa. Aquí  el enemigo tiene un millón de ojos y poco corazón, pero una fuerza que sólo puede menguar con la unión de un millón de manos que saluden y sonrían, con la fortaleza de los que saben que no les queda otra que buscar una salida digna para esta trampa donde nos han metido.

Somos demasiados para que puedan con nosotros y ayer lo demostramos.
¡Nos vemos en las nuevas ágoras del pueblo!





lunes, 23 de abril de 2012

Una rosa para una doncella solitaria

Una vez al año mi ciudad se convierte en un espléndido jardín de rosas. Sus pétalos compiten con las páginas de miles de libros que esperan, dormidos, despertar los sueños de las personas que buscan descubrir otras historias y  que, aunque no son las suyas propias, sienten que hay otras vidas, otros mundos para perderse.
Cuando una no tiene a un enamorado que quiera emular al caballero que mató al dragón y le regaló una rosa nacida de su roja sangre a la princesa de turno , no puede evitar sentirse algo ajena a esta fiesta popular.
 A pesar de ser una persona bastante alejada de convencionalismos, hoy paseaba por las calles de mi ciudad como una niña que no había sido invitada a la fiesta de sus compañeros de colegio.
 Sin embargo, alguien se acuerda de ti y decide hacerte feliz con un simple gesto y, por este motivo, quiero agradecer con estas palabras a todos aquellos que, sin pretender nada más que hacerte sonreír con una flor, te regalan un compromiso de amistad.
A Cristóbal lo conocí en el instituto; nos perdimos y nos reencontramos para viajar juntos en este camino, a veces tan accidentado, que es la vida. Con él me he reído hasta llorar y he llorado hasta acabar riéndome de las propias desgracias que nos ocurren. Es una de esas personas que uno sabe que siempre estará ahí. Nos hacemos mayores  unidos por un hilo invisible que se ha ido formando espontáneamente, sin ningún artificio, con la naturalidad de los que se quieren sin más, sin lazos de sangre ni papeles.
Gracias, caballero andante de las doncellas solitarias.

lunes, 9 de abril de 2012

¿"El árbol de la ciencia" es de hoja caduca?

Hace más de veinte años que leí El árbol de la ciencia de Baroja; pensé que había encontrado una terrible verdad que marcaría mi existencia y, sin duda, fue una de las  razones que me condujeron a sumergirme en la literatura con toda la pasión de una joven que busca respuestas a sus preguntas.
Por cuestiones laborales -entra en la selectividad de mis alumnos- he tenido que releerlo y, curiosamente, el impacto ha sido semejante al que experimenté en mi incipiente juventud.
Si se afirma que un clásico sigue conservando en gran medida cierta vigencia que lo convierte en intemporal, podríamos decir que, por desgracia, el mensaje implícito que Baroja dejó entre estas páginas, allá por el 1911, se podría aplicar a nuestro presente sin temor a quedarnos cortos: "En Alcolea, casi todos los ricos defraudaban a la Hacienda, y no se les tenía por ladrones".
Después de cien años, y cuando ya pensábamos que España había dejado atrás el caciquismo para intentar que los derechos humanos más básicos (educación, sanidad, igualdad,...) fueran asentándose en una tierra rica para unos y yerma para la mayoría, de nuevo Baroja denuncia y nos da voz a muchos, a los hombres y mujeres que, en el 2012, vemos lo mismo que vieron sus ojos.
Tan solo un ejemplo más: uno de los personajes secundarios, "Fermín Ibarra", es un ingeniero talentoso que debe emigrar de España porque no encuentra apoyos para desarrollar sus inventos por la falta de inversión en ciencia que encuentra en nuestro país ¿os suena?
Siempre se ha tildado a Pío Baroja de pesimista y el caso es que, si resucitara ahora, seguiría con su mismo talante, porque es triste ver como una sociedad vuelve hacia atrás destruyendo lo que muchas personas, con su lucha y sacrificios, habían conseguido mejorar.
Para terminar, ahí va una última cita donde se intenta explicar el inmovilismo de la gente pobre ante los abusos de los poderosos: "Andrés creía ver...la evolución progresiva de la gente rica, que iba hermoseándose, fortificándose, convirtiéndose en casta; mientras el pueblo evolucionaba a la inversa, debilitándose, degenerando cada vez más. (...) La casta burguesa se iba preparando para someter a la casta pobre y hacerla su esclava."

viernes, 23 de marzo de 2012

Meritocracia

Meritocracia. Hace unos días escuché por primera vez esta palabra; fue en un documental sobre la sociedad norteamericana. La figura del conquistador del sueño americano se analizaba desde el punto de vista de los que no pudieron llegar a triunfar, de los  perdedores, de los fracasados, en fin, de los insomnes.
Si una persona conseguía ascender por la escalera del éxito era gracias a sus méritos, de modo que los que se quedaron en el primer peldaño eran también responsables de su desgracia, en este caso por la carencia de dichos méritos. El factor suerte no cabe dentro de esta mentalidad que sobrevalora a unos pocos mientras desprecia al resto.
A menudo, me molestan sobremanera  esos individuos que siempre se quejan de su mala suerte y la convierten en la única culpable de sus problemas; sin embargo, es indudable que existen muchos factores, positivos y negativos, que no dependen de uno.
 Incluso existe una gran influencia del medio en el desarrollo de nuestros genes, como estudia la epigenética. Nada más tenemos que recordar la teoría de la evolución de Darwin para comprobar lo determinante que, frecuentemente, es el azar. Los pinzones y las tortugas que estudió el gran naturalista se adaptaron a unos hábitats determinados y se seleccionaron los individuos de la especie que, por casualidad, mejor se adecuaban a la flora y a otras condiciones de las islas donde vivían. No sobrevivían los que nacían con unos rasgos poco adecuados para su  entorno y, por lo tanto, no se reproducían. Así que, con la observación de unos pájaros y de unas tortugas que moraban en diferentes islas, Darwin descubrió la verdadera explicación de la evolución de las especies: la selección natural.
Tal vez los méritos y el esfuerzo sean valores importantes para conseguir nuestros objetivos pero, demasiadas veces, existen una serie de circunstancias que se nos escapan y esta crisis mundial lo ha hecho todavía más evidente. Solamente hay que mirar hacia arriba, en la cima del poder, para ver que los méritos de los que triunfan no son tantos, y, por desgracia, gran parte de los que se quedaron abajo miran al cielo preguntándose de qué demonios han servido sus esfuerzos y sus talentos cuando ciertos individuos, seguramente menos meritorios que ellos, son los que mueven los hilos de este teatro de marionetas.

sábado, 17 de marzo de 2012

Mi diario

Antes de que se inventaran estas ventanas electrónicas para poder plasmar nuestros pensamientos y sentimientos, ya existían los diarios personales, algunos tristemente famosos como el de Ana Frank.
En mi adolescencia empecé a volcar mis tristezas, alegrías e inquietudes en el primero de mis diarios; de vez en cuando los releo y no puedo evitar sonreírme ante tanta autocompasión y dramatismo.
Garabatear esas páginas era como ir al psicólogo y, sin duda, me ha ayudado a tirar "pa'lante" en esos momentos en que la vida se nos complica, bien por las circunstancias o bien por nuestra incapacidad de enfrentarlas.
Cuando inicié esta andadura bloggera, no pretendí en ningún momento dejar de lado a mi diario -no se abandonan a los viejos amigos cuando aparecen otros nuevos, por muy modernos que sean-. Aunque tampoco soy muy pródiga escribiendo, a veces, necesito conjurar a mis demonios entre esas páginas, de este modo no taladro más de la cuenta a las personas que me quieren y ,al mismo tiempo, me desahogo.
Este blog no nació con la intención de sustituir esas hojas de mil desventuras y alguna alegría, sin embargo, hoy he decidido abrir una de sus páginas para vosotros. Me he sobrepuesto al pudor que supone para mí desnudar mis más secretos sentimientos porque creo que ya estoy entre amigos. Eso sí, imploro vuestra indulgencia porque ya sabéis que tengo una nube ocultándome el sol y aún no despeja.
Ahí va:

17/ 3 / 2012

Durante los años que he vivido no puedo decir que haya sido feliz demasiado tiempo. Más bien, a ratos. La verdad es que me he reído mucho, porque soy así, le veo la vis cómica a casi todo. No obstante, lo cierto, es que no he tenido muchas ocasiones para sentir que la vida me sonreía.
Nací con la dictadura pero crecí en medio del optimismo utópico de una democracia inmadura que luchaba por hacerse mayor con esas ansias adolescentes por conquistar sus derechos y su independencia.
Siempre pensé, como casi todo el mundo, que yo era especial. Sin embargo, no se trataba de un sentimiento narcisista sino que, en mi caso, se convirtió en algo inefable, en ocasiones hasta inquietante, que me llevaba por caminos algo distintos de los que seguían los otros. La gente que me rodeaba transitaba por rutas conocidas y pisadas por casi todo el mundo; yo me dejaba tentar por otras vías que me separaban del río de la vida que arrastra al género humano. Así es como me separé de los demás y me quedé con mi soledad. Pensé que mi fortaleza sería capaz de acompañarme en este arriesgado viaje, pero debo reconocer que, a estas alturas, me encuentro bastante sola y desvalida. Bueno, para ser justa, unos pocos me quieren y, como pueden, velan por mí.
En esta vida paralela, nunca perpendicular a la de las personas que he conocido, he intentado ser buena gente y, por eso, me he hecho querer aunque no pudiera seguir los pasos que me indicaba la impronta de la especie humana.
Finalmente, opté por conformarme con poquitas cosas, aunque lo paradójico del asunto es que cuanto menos tenía más perdía. Si se dice aquello de "al menos tenemos la salud" tras el sorteo de Navidad, yo pierdo la salud. Cuando acepto que no he nacido para formar una familia y me vuelco en mi profesión que parece que es lo único que hago medianamente bien, pues me veo sin ella.
Si me conviertiera en una más de entre millones de personas que están en el paro, maldiciendo su situación, y con el único consuelo de la familia y amigos, a mí me llena de culpabilidad pensar en lo que sufrirán por mí.
Y, para rematar esta patética situación, he sido "afortunada" en ser una más de un grupo de trabajadores que sufren la angustiosa experiencia de trabajar sin cobrar en un lugar que hasta ayer era mi colegio y ahora es un campo de batalla. Los alumnos, compañeros e incluso los jefes que tanto cariño me inspiraban y que me hacían sentir realizada en esta faceta vital, se convertirán en aliados o enemigos de una lucha desigual que amenaza mi precario equilibrio emocional.

viernes, 2 de marzo de 2012

Una nube

Hace tiempo que no escribo en este blog porque estaba esperando que se desvaneciera la nube de pesimismo que se había instalado en el trocito de cielo que veo desde mi balcón, pero esta condensación de preocupación, de tristeza y de desengaño ha decidido amanecer cada día sobre mi cabeza desde el comienzo de este año. Quizá me convenga hacerme amiga de ella y buscar, como dicen los sabios, la parte positiva que encierra todo lo negativo -a veces me dan ganas de enviar la sabiduría a tomar por saco y quedarme con la felicidad de los tontos-. Tal vez esta nube me ayude a protegerme de los rayos cancerígenos de un sol que no me alumbra aunque el anticiclón de las Azores no nos quiera abandonar.
¿Cuál es el grado de resistencia ante las dificultades de la vida?
Existen tantos seres humanos que han despejado sus nubes a fuerza de controlar los vientos de la vida que a veces creo que yo también podré. Sin embargo, mis pulmones están heridos y se abren con la cortisona para lo justo: caminar despacio, hablar suave y ganarle a la desesperación una pequeña batalla cada día. Por eso, en mi cielo no termina de despejar, mi soplido es demasiado débil.
Disculpadme este momento de autocompasión, pero de vez en cuando uno tiene que pararse a lamer sus heridas y, no os preocupéis, no soy de las que se recrean en estos gestos patéticos. Mañana seguiré soplando para que la nube pase.

domingo, 5 de febrero de 2012

"LA TORTURA NO ES CULTURA"

Las miles de injusticias que nos rodean a diario consiguen hacernos perder la perspectiva histórica y olvidamos algo fundamental: el pasado siempre es mejor porque está contaminado con la edulcorada nostalgia. En cuanto a derechos humanos el salto ha sido considerable y aunque, actualmente, las violaciones de los mismos son continuas, al menos consiguen salir a la luz y son combatidas por ONGs o por cualquier ser humano que sufra con el dolor de los demás.
El concepto de civilización que yo defiendo es el que enarbola una bandera invisible pero muy poderosa: ser civilizado es una declaración de principios y el que más destaca es el de la protección del más débil. Las fuerzas de la Naturaleza son despiadadas con los débiles y están sujetas a leyes tiránicas donde sólo sobreviven los más fuertes, es por esta causa que el ser humano se agrupa y logra convertirse en la especie hegemónica de nuestro planeta. Debemos respetar la naturaleza porque nosotros somos parte de ella, pero no nos debe servir de modelo para crear nuestras normas ni para construir nuestros estados.
No me gustaría que me malinterpretarais cuando afirmo que el auge de la preocupación por la ecología ha confundido a muchas personas que consideran que todo lo natural es bueno -la mordedura de una víbora también es natural y no por ello es buena-. Soy un ser humano muy preocupado por el deterioro de nuestro entorno, reciclo como el que más e intento cooperar a que la contaminación del planeta sea mínima (no tengo ni coche), sin embargo, estoy muy agradecida por haber nacido en un momento histórico y en un país donde existen avances científicos y técnicos que pueden ayudarme a sobrevivir.
Seguramente, en otra época o en otro lugar no tendría muchas probabilidades de seguir adelante con mi vida: mi miopía sin cristales correctores, por ejemplo, me convertiría en un individuo candidato a desaparecer en peores circuntancias vitales.
Los antropólogos aseguran que la necesidad de supervivencia en un medio hostil fue el inicio de la civilización; la organización en grupos para luchar contra las bestias salvajes y más fuertes que el hombre dio origen a la aparición del lenguaje humano y, por extensión, al desarrollo de una inteligencia superior.
Hoy en día, todos somos el producto de la suma de muchas civilizaciones que han ido progresando gracias a los esfuerzos y a la lucha de muchas personas que sacrificaron todo, incluso la vida, para conseguir un mundo más justo. Los cambios de esta envergadura son lentos e imperceptibles a corto plazo; casi siempre provocan un férrea resistencia entre los que defienden la tradición sin percatarse de que las tradiones también deben cambiar y, en algunos casos, hasta desaparecer porque no responden a la idea básica de las civilizaciones: la protección de los derechos de quienes no pueden defenderse por sí mismos.
En el Imperio Romano los animales y la mayor parte de los seres humanos no tenían apenas derechos, dos mil años más tarde aún se utiliza el sufrimiento de animales para distraer a algunas personas que se escudan en la tradición para defender su postura. Señores, gracias a Dios, muchas tradiciones han desaparecido en pro del bien de la Humanidad, si no fuera así, todavía asistiríamos a espectáculos tales como los de los circos romanos donde seres humanos eran devorados por fieras.
Gandhi dejó un pensamiento que considero oportuno para apoyar mi argumentación: se reconoce si una civilización es más desarrollada y más justa cuando trata con respeto a los animales.
"LA TORTURA NO ES CULTURA"

martes, 17 de enero de 2012

16 de enero


Según unas estadísticas, el 16 de enero es el día más triste del año, parece ser que se debe a que hace frío, hay poca luz solar y, además, estamos en la famosa cuesta de enero. Yo no lo supe hasta la noche, en un telediario y, desde luego, al oír la noticia me quedó claro que mi vida nunca se ajustaría a la regla general porque, si bien ayer amanecí con una espada de Damocles sobre mi cabeza, me acosté con una sonrisa de oreja a oreja y sin tener que recurrir a la bebida para conciliar el sueño.
Y es que "hoy quiero confesar" , como dice la folklórica, que llevo casi dos semanas utilizando el whisky de somnífero -no me juzguéis, tenía mis motivos y, por suerte, la angustia ha terminado  y ya he vuelto al vasito de leche-.
Lo más inquietante de ciertos días es experimentar la extrema fragilidad del hilo de nuestras vidas: hoy amaneces pendiente de una rutina incesante y, en un minuto, el viento cambia de rumbo y te conduce a puertos que desconocías o que nunca hubieras querido visitar.
Gracias a Dios, a los ángeles o a los habitantes del planeta X8 de una galaxia lejana, mi velero llegó ayer al puerto de mi ciudad, Barcelona. Ante su mar, le agradecí a la diosa Fortuna que me diera una tregua y, también,  que me acompañaran en este viaje buenos amigos que estarían cerca de mí pendientes de rescatarme por si alguna vez naufrago.

domingo, 8 de enero de 2012

Mis viejos cassettes

Perdonadme la nostalgia, ya sé que no es propio de un comienzo de año dejarse envolver por la melancolía de los tiempos pasados, pero es que este nuevo año comienza para mí con tal dosis de incertidumbre que he precisado de la seguridad de lo que ya pasó.

El jueves pasado me disponía a pintar el salón y parte del protocolo para dar brochazos incluye un ambiente con música. La radio siempre es el recurso más habitual, pero moviendo trastos aparecieron esos viejos cassettes que de joven grababa de los discos de mis amigos o directamente de las emisoras -con algunos parlamentos del locutor, que se colaban traicioneramente, incluidos-. Así que mientras las paredes del salón redescubrían su blanco original yo me iba transportando a esos tiempos en que bailaba hasta la extenuación y me desgañitaba repitiendo las letras de mis canciones preferidas. Y no es que ya no lo haga, pero debo reconocer que la intensidad ha remitido considerablemente.

Lo más divertido era el título que escogía para estas recopilaciones cutres: "Fiesta loca", "Maite 2000", "Varios 1999", y así sucesivamente hasta que las nuevas tecnologías jubilaron  a estas entrañables cintas y hasta que esas fiestas, que montaba en la terraza de mis padres, se desvanecieron dejando los ecos de las risas entre las macetas de las hortensias.
¡Qué tiempos aquellos! Y ¡que nos quiten lo bailao' ! A ver si pueden...

jueves, 29 de diciembre de 2011

La utopía pragmática

Nunca ha sido más útil la utopía. 
 Aunque este concepto parezca parádojico, solamente hay que mirar atrás y buscar en el origen de todo lo que significa progreso a lo largo de la historia de la humanidad. En las raíces del árbol de la vida y de la ciencia siempre se sembraron las semillas de la utopía.
 Sin ir más lejos, esta ventana tecnológica a        través de la que me asomo a vosotros era algo utópico hace apenas unos pocos años.
La definición del diccionario me da la razón: una utopía es algo irrealizable en el momento presente. Yo añadiría que es la concreción futura de una esperanza, de los sueños de muchos que otros, menos pero poderosos, pretenden ridiculizar porque atenta contra intereses ya creados.
El miedo es el gran enemigo de las utopías; sin embargo, y pese a que el ser humano siente una gran desconfianza ante cualquier cambio, los pocos valientes, que desoyendo las burlas de los mal llamados sensatos y los ataques de los que no quieren quedarse sin sus privilegios, son los que han escrito las páginas más relevantes de la historia de la humanidad.
Por si fueran pocos los argumentos sobre las funciones prácticas de la utopía, llega un nuevo año que nace con pronósticos tan negativos que ni siquiera una mente racional, como la mía, puede permitirse el lujo de ignorar la imperiosa necesidad de creer en que las cosas pueden mejorar.
No obstante, la utopía , como idea abstracta que es, requiere que las personas la concreten, que salgan del adormecimiento en el que nos ancla la pereza, el temor y, sobre todo, ese escepticismo acomodaticio que destruye cualquier intento de cambiar lo que no está bien, lo que no es justo.
Quiero creer que se ha sembrado la semilla de un árbol que cada vez tendrá más ramas cuyas hojas darán sombra y cobijo a más personas, ahora sólo queda que lo cuidemos y lo abonemos para que resista las sacudidas brutales de ese huracán dañino que lanza el sistema neoliberal de los mercados financieros. No dejemos que unos pocos se rían en sus sillones mientras destruyen la utopía de los que caminamos por la cuerda de un funambulista.
Consigna para un Año Nuevo: RESISTENCIA

domingo, 4 de diciembre de 2011

José Luis y Maruja: la fuerza de la honestidad

En las sociedades antiguas los años de vida eran valorados como una fuente de sabiduría que revertían en el grupo. Los jóvenes pedían  consejos a los pocos supervivientes que peinaban canas sorteando todos los avatares que les deparó la vida. Durante el siglo XX, en nuestro primer mundo, los ancianos perdieron la consideración de antaño conforme la esperanza de vida crecía. Cada vez había más gente mayor que nos recordaba que la insultante belleza de la juventud se escapaba de nuestras manos sin posibilidad de retenerla. Y, así, mientras los anuncios de televisión repetían clichés de la felicidad sin arrugas, asociando "la chispa de la vida" a pieles tersas que sonreían con la inconsciencia del que todavía no ha visto la cara cruel del mundo, nuestros mayores iban siendo apartados como trastos inútiles.
Tal vez sea porque no pude disfrutar de mis abuelos, por ser hija tardía, lo cierto es que conforme mis ojos fueron perdiendo el velo de la inocencia comenzaron a ver a esas personas, de andares torpes y pelo cano, con la ternura que se merecían. Eran los supervivientes de mil y un percances que jalonaban sus existencias y dejaban huellas indelebles en sus cuerpos y sus mentes. Unos más que otros, en mayor o menor medida, habían superado esas tragedias cotidianas u homéricas que el ser humano enfrenta durante su existencia.
Sin embargo, de vez en cuando, aparecen en los medios de comunicación, personas que con sus ejemplares actos y palabras nos demuestran que la fuerza de la honestidad crece proporcionalmente a las patas de gallo. A José Luis Sampedro lo descubrí leyendo sus obras, en las que siempre destaca un concepto de la dignidad humana que nos reconcilia con un mundo generalmente indiferente a esta gran virtud; a Maruja Ruiz la conocía menos, aunque vive en el barrio en que me crié y ha dedicado su vida a ayudar a los más necesitados que la rodeaban. Ninguno de los dos miran a otro lado cuando se encuentran con la desgracia ajena. Siempre han luchado por los derechos humanos más básicos, el uno con su profesión y su arte literario; la otra con su voluntad de lucha, que no cabe en su pequeño cuerpo, y su acento "granaíno" que hubiera hecho sonreír a su paisano García Lorca. Ambos son héroes en un mundo que desprecia las heroicidades y se ríe de los buenos; ambos son dos ejemplos memorables de honradez, de coherencia y de humildad, unos valores que, por lo visto, no están de moda, pero que, si renunciamos a ellos, viviremos en una sociedad vacía de valores y de ilusión.
Así que, si el tabaco y la desaparición de las pensiones no me impiden envejecer, espero seguir el ejemplo de estos dos ancianos que demuestran tener un espíritu más joven e indomable que muchos de los que confunden la rebeldía con una simple estética alternativa o con una actitud displicente y pasota ante las injusticias cotidianas.


viernes, 25 de noviembre de 2011

La generación "ESTAFADA"

Hemos sido estafados. Nos decían que estudíáramos y que si trabajábamos duro lograríamos tener una vida digna, en libertad y con nuestros derechos básicos cubiertos: una sanidad y una educación accesible para todo aquel que las necesitara, un techo que nos resguardara y, cuando se nos quedara pequeño, también podríamos viajar para conocer otros lugares y otras culturas. En fin,
hasta en los cuentos a los que eran buenos se les premiaba.
A cambio debíamos confiar en el capitalismo. Él nos garantizaba que nuestros sueños se pudieran cumplir. Durante años y años se nos decía que el progreso sería factible siempre y cuando no nos dejáramos caer en la desidia ni en el desencanto. La sociedad del bienestar era factible gracias a la aportación anual de cada uno de los ciudadanos a las arcas del estado. Este estado se estructuraba en tres poderes autónomos: el ejecutivo, el legislativo y el judicial, y nos garantizaba que los derechos de todos, los más ricos y los más pobres, fueran respetados y custodiados por los representantes escogidos en unas urnas cada cuatro años.
A mi generación la llamaron "X", después llegó la "Y" y, en la actualidad, se habla de los "ni ni"que , si en su origen, significaba que ni querían estudiar ni trabajar ahora se está transformando en una juventud que ni puede trabajar ni encuentra trabajo, aunque quieran. Hoy todos formamos la generación "ESTAFADA".
Y ¿quiénes son los responsables de semejante engaño? Unos hablan de los demoníacos e invisibles mercados, otros de los políticos gestores que han derrochado o malversado los ingresos de la hacienda pública, algunos iluminados nos dirán que un planeta de la galaxia vecina nos está intentando aniquilar para apoderarse de nuestro mundo...
Lo cierto es que con la que está cayendo, una lluvia de piedras que destruye los ideales de muchas personas que soñábamos con un mundo mejor y más justo, los responsables de la actual crisis mundial se están yendo de rositas porque gran parte de los ciudadanos prefieren aferrarse a un sistema, cada vez más caduco e inoperante, que no tiene otra solución que el parche que supone eliminar los mínimos derechos que la gente más pobre había conseguido tras siglos y siglos de injusticias y de luchas por una mayor igualdad entre los seres humanos.
Lo más deprimente es enterarte de que personas queridas y cercanas, a las que siempre habías creído solidarias y valientes, se dejan manipular por las políticas del miedo y del conservadurismo trasnochado. Las clases privilegiadas siempre aprovechan la mínima ocasión para desengañar a los que quieren un cambio social transmitiendo un mensaje de hipócrita prudencia que frene los posibles cambios que pudieran abrir grietas en los bien asentados cimientos de su mundo acomodado. Nos dicen que no es posible, que las arcas del estado están vacías para ayudar a tantos vagos y maleantes, y, mientras tanto, permiten que el fraude fiscal de los más ricos crezca con toda la impunidad que se puede comprar con dinero. Lo que me pregunto es cómo gente inteligente puede dejarse estafar todavía a estas alturas del partido.

lunes, 21 de noviembre de 2011

¡Adiós, CC!

Mientras el país se agita entre mil y una sensaciones tan contradictorias, en mi pequeño mundo ha habido una despedida tan insignificante para el resto del universo que parece irrisorio que alguien se moleste en teclear unas palabras para recordar este día. Se ha muerto uno de los seres que ha acompañado mis soledades en estos últimos años. Se llamaba CC (Cecito para los amigos) y era un conejo de piel suave y no muy avispado que me regalaron unos alumnos hace ya unos cuantos años. Me he pasado toda la tarde recogiendo sus comederos, su jaula, y llorando como una Magdalena, mientras me enfrentaba a la idea de la ausencia absoluta.
No quisiera comparar la muerte de una persona con la de un simple animal, pero en lo básico la sensación de vacío es parecida: el ya no ser de algo que hoy no se ha comido su pienso , con esa avidez que le caracterizaba, ni ha saltado al sofá en busca de mis caricias, ni ha roído el periódico del revistero.
Me consuela la idea de que en su corta vida ha tenido los cuidados de una solitaria que odia las prisiones y que siempre que podía le abría la puerta de su jaula para que saltara y jugara por el piso y por un balcón lleno de plantas que él "podaba" al menor despiste.
Ha dejado de respirar en mis brazos mientras lo llevaba al veterinario y eso es algo que podemos envidiar los que no sabemos si alguien nos abrazará cuando nos muramos. Tal vez sea lo único que una persona debería desear de veras: terminar sus días mecido por el amor de los que se quedan en este mundo.

martes, 1 de noviembre de 2011

Los yayos flauta de Hamelín

Una de las cosas que más lamento es el no haber disfrutado de mis abuelos. Al ser hija tardía, cuando nací ya habían muerto casi todos, tan solo quedaba mi abuelo paterno, un señor que veía los domingos y que me invitaba a galletas mojadas en moscatel. De él sólo aprendí a jugar a solitarios con cartas y poco más, y sus muestras de cariño fueron tan escasas para sus nietos como para sus hijos. Sin embargo, parece ser que los padres de mi madre eran unas personas con un gran potencial para amar que, por desgracia, yo no he podido recibir.
Con toda la prudencia que se debe tener antes de generalizar, la generación de nuestros abuelos se enfrentó a un convulso siglo XX, a sus guerras, a sus miserias, a sus avances, etc. Ante ellos se abría un mundo cada vez más rico pero también más complejo donde las pulsiones humanas más básicas: el hambre, el amor, el odio, el miedo, la vergüenza..., se mezclaban con logros tecnológicos y científicos que prometían convertir el paso por este mundo en un hermoso y estimulante paseo lleno de bondades que jalonaban un presente, a menudo desconcertante, con halos de esperanza que anunciaban un futuro mejor para ellos y sus descendientes.
Si bien esta crisis azota los pilares de la economía mundial, encuentro más terrible todavía la crisis ética, moral y espiritual que sacude las conciencias de innumerables personas que lucharon y se esforzaron   para que sus hijos y nietos vivieran en mejores condiciones que ellos.
Es por este motivo que no me sorprende que estos ancianos salgan a la calle a denunciar la destrucción de todo lo positivo que, con muchos sacrificios habían logrado antes de que les estafaran el dinero y, sobretodo, los sueños de un mundo mejor y mas justo.
Son personas cuyo legado llega a nuestras manos ahora, en vida; son sus protestas las más altruistas, porque piden justicia para sus nietos, aunque ellos no lo puedan ver; en resumen, son hombres y mujeres que saben lo que es luchar por sus derechos y, aún, no quieren rendirse; son grandes seres humanos como Sampedro y Hessel que han compartido sus experiencias y sus palabras con los Indignados que han llenado plazas y calles desde el 15M.
¡Ojalá que estos yayoflautistas consigan llevar al río a todas las ratas que invaden la tierra prometida!

viernes, 14 de octubre de 2011

No hay peor ceguera que la del que no quiere ver

Ayer cené a oscuras. Experimenté lo que un ciego vive a todas horas, desde que abre sus ojos a la nada hasta que los cierra para soñar -¿cómo serán los sueños de un ciego?-.
Ahí estábamos, un grupo de videntes siendo guiados por una muchacha ciega que nos hacía sonreír con sus comentarios y nos tranquilizaba para que la oscuridad no nos estrangulara con sus sinuosos dedos.
De repente, los sonidos eran más altos, los olores más intensos, los alimentos tenían sabores más rotundos y, cuando necesitábamos saber dónde estaban nuestros amigos, alargábamos nuestras manos para tocarlos.
Una vez terminó la cena, la luz hería nuestras retinas pero nos devolvía una libertad que aparcamos para depender de otras personas que no tenían otra opción que la de intentar ser libres a oscuras.

En estas cuestiones filosóficas andaba meditando mientras regresaba a casa; miraba mi calle como si fuera la primera vez que la veía y, al pasar al lado de uno de sus portales, vi a dos vagabundos durmiendo, ya con el pudor olvidado, sobre el frío suelo. En ese preciso instante, y mientras mis ojos miraban hacia otro lado, me di cuenta de que ésta es la verdadera ceguera, la de los que no queremos ver. Hay tantas cosas que nos tapan la visión que apenas somos capaces de ver que, en este mundo, la fealdad gana a la belleza y que la injusticia provoca cataratas que nos evaden de la realidad.
Algunos intentan abrirnos los ojos de la conciencia, nos avisan de que no se puede bajar la guardia ante los atropellos a los derechos humanos y nos animan a que vislumbremos un atisbo de esperanza en el horizonte.

Sin embargo, la esperanza no es gratuita y algunos ya no aprecian su verdor porque su vista ya no distingue los colores.
Mañana saldré a la calle para sumarme a los que no se rinden fácilmente, aunque la guerra es tan desigual que es difícil ver la luz al final del túnel. Pero no pienso desanimarme, ayer unas personas me dieron una valiosa lección sobre lo que significa no desfallecer en la lucha por la supervivencia.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Roger

La repartidora de periódicos gratuitos estaba donde siempre y, como siempre, le di las gracias y seguí caminando hacia el ferrocarril que me conducía, como siempre, a mi trabajo. Abrí el diario por el final, como siempre, y leí noticias sobre la vida de los otros, como siempre. Cuando pasé la vista sobre los titulares de los breves en la sección de informacion local, la vi y, esta vez, ya no era como siempre...
 Ese motorista de 33 años no era un desconocido más que perdía su vida en un accidente, era alguien que tenía un nombre, Roger.
Tenía seis años cuando lo conocí, me llegaba por la cintura y tenía que apagar la tele para despegarlo de los dibujos animados y que se pusiera el pijama. Era un niño tozudo pero muy noble, y su risa contagiosa solía desarmarme cuando menos me lo esperaba. Y, mientras iba haciéndose mayor, tuve el privilegio de compartir con él , con sus padres y su hermana pequeña, Judit, esos momentos de la vida que nos hacen sonreír de emoción: su comunión, sus primeras vacaciones de adolescente en la playa, la boda con su gran amor y su gran debut como padre de dos niñas preciosas. Lo que jamás sospeché que viviría junto a él y los suyos es su despedida, tan temprana e injusta.
Roger era un trabajador responsable;  Pili, su madre, ya lo comentaba, a menudo lo observábamos serio y preocupado y temíamos que tanta carga le superara y le hiciera infeliz, pero consiguió trabajar en sectores que le apasionaban -todavía lo estoy viendo mientras enseñaba a patinar a unos noveles patosos e inseguros. Se había convertido en un hombre guapo, deportista y de costumbres tan sanas que alguna vez, cambiando las tornas, me había reñido por mi eterno vicio de fumar. Por éstos y otros muchos motivos estoy enfadada con ...¡realmente no sé con qué ni con quién demonios estoy enfadada!
Lo que sí que sé es que todos los que lo queremos a él y a su fabulosa familia no podremos olvidar a ese motorista del que hablaba un periódico la mañana de un martes de setiembre y, como escribió Jaume, su padre, espero que descanse acunado por todos los que lo quieren -" descansa bressolat per tots els que t' estimem".

sábado, 17 de septiembre de 2011

Estimat


En este convulso, triste y peligroso mundo todos buscamos algún refugio físico o espiritual. Personalmente -y debido a mi natural escepticismo- no soy seguidora de los credos habituales, y tampoco tengo ningún lugar o abrazo que pueda protegerme de los malos vientos de la vida. Tal vez sea por esta razón que mi mente ha creado extraños puertos donde anclar mis miedos y mis desdichas.
Esta noche, un viejo amigo ha regresado para que pudiera acariciarlo. En esa onírica realidad le preguntaba cómo había encontrado el camino de regreso a casa, a mi lado, y él movia su cola y lamía mis lágrimas como hacía durante los lejanos años de mi adolescencia.
Quizá pueda parecer absurdo e incluso enfermizo, pero mientras unos veneran a santos, yo tengo mi propio ángel de la guarda de cuatro patas que vigila mis sueños desde una estantería al lado de mi cama. No tiene alas ni aura pero cuando necesito un buen recuerdo que me haga sonreír miro su foto y me duermo más tranquila.

domingo, 21 de agosto de 2011

El lago di Garda




En un mundo tan inmenso es fácil encontrar espacios de gran belleza y, a menudo, nos sorprenden donde ni siquiera sospechábamos que existieran. Hablando de Italia no es de extrañar que uno visualice ingentes cantidades de imágenes hermosísimas, sin embargo, personalmente seguía la senda de sus típicas postales con canales venecianos, campaniles toscanos o ruinas romanas imponentes. Hace años que experimenté esa dulce sensación de perderme por las calles de Florencia o la, no menos agradable, aventura de asomarme al majestuoso Coliseum romano. También me dejé enamorar por la preciosa isla de Sicilia custodiada por el temible Etna.




En fin, cuando ya pensaba que había visto los más hermosos rincones de este país del que me gusta hasta su forma de bota ( quien me conoce ya sabe de mi debilidad por el calzado), de repente, y de forma casual descubro unos paisajes dignos de engrosar mi galería de momentos bellos: el lago de Garda y sus interesantes alrededores.




Ha resultado un viaje ideal para una persona como yo a la que le gusta respirar historia mientras pasea y, para rematar, las piedras del pasado se mezclan con el encanto mágico de unas montañas que abrazan unas aguas azules a las que se asoman imponentes fortalezas.




En un viaje a un lugar de ensueño como éste tan solo se puede echar de menos una cosa: más tiempo para respirar el aroma de sus limoneros y para perderse en su atmósfera de cuento.

lunes, 8 de agosto de 2011

La nueva religión de "los mercados"





Cuando el ateísmo se extiende en la sociedad capitalista, un nuevo dios consigue imponer sus rígidos e injustos mandamientos transtornando las conciencias de los incautos mortales. Es un dios invisible, caprichoso y poderoso; se le conoce con un nombre tan prosaico que jamás creímos que infundiera tanto terror: "los mercados". Nadie conoce su procedencia exacta, pero todos temen sus dogmas. Los políticos más brillantes se convierten en marionetas que bailan a su son, mientras que los ciudadanos de a pie intentan no ahogarse en este proceloso oceáno donde no hallan ni un madero donde asirse para seguir flotando.


Y no tenemos ni una sola imagen que venerar u odiar que para hacernos sentir algo más seguros; la iconografía no ha dado con nada lo suficientemente representativo y, por eso, infunde tanto terror; los seres humanos necesitamos ponerle nombre y cara a lo que tememos para poder enfrentarnos a ello.


Mientras tanto, nuestras insignificantes vidas son manejadas sin piedad ni justicia por "los mercados", que así, y escritos en minúscula, pretenden quitarse importancia, con su morfema flexivo de pluralidad incluido, y de esta manera tan sibilina van adquiriendo tanto poder que tienen en jaque a todo el planeta.


Personalmente, y como mi escepticismo natural me predispone a no creer en seres intangibles, he decidido declararme atea frente a esta nueva religión. Aunque temo que, como me ocurre con el catolicismo, y a pesar de no creer en los Reyes Magos, me dejo la visa tísica comprando regalos para celebrar la Navidad -pero, al menos, los antiguos gurús religiosos se molestaron en inventarse imágenes y poner nombres a los seres que idolatraban.