En un capítulo de la serie sobre la escuálida abogada "Ally Mc Beal", una psicóloga, bastante excéntrica por cierto, le recetaba que buscara su canción de la felicidad, una melodía que limpiara su aura de malos rollos como si de un mantra budista se tratara. El efecto era casi mágico, y la protagonista de semejante prodigio se sumergía en un optimista baño de felicidad cada vez que la melodía elegida salía a su encuentro.
Recuerdo que ese capítulo me pareció escrito para mí y para todas aquellas personas que escuchamos nuestra propia banda sonora. La mía se compone de temas tan eclécticos que a veces me sorprendo cuando reconozco la voz del inefable Camilo Sesto retumbando en mi cerebro con su "Y ya no puedo más, y ya no puedo más, siempre se repite esta misma historia"... Desde pequeña, la música ha tenido un papel importante en mi psique, y cantar y bailar me han proporcionado tantos momentos alegres que, sin duda, son en parte responsables de que tenga ganas de seguir adelante cuando lo que me rodea me da el silencio como respuesta a mis preguntas.
Cuando necesito fuerzas para torear lo malo, me animo con "I will survive" o la versión más petarda de Mónica Naranjo " Sobreviviré" -aunque a veces caigo rendida a la todavía más castiza "Resistiré" del Dúo Dinámico y a su "junco que se dobla pero siempre sigue en pie"-.Como melodía de despertador escojo una canción que me invite a creer aquello de Serrat " hoy puede ser un gran día"; si mi autoestima está de huelga busco algún tema lo suficientemente petardo para que se active; como me asalte la melancolía recurro, por ejemplo, a " Entre mis recuerdos" de Luz Casal; en momentos donde no veo salida reaparece en mi mente el estribillo de Héroes del silencio que decía: "...siempre buscando una fuente donde poder respirar..."; y así podría seguir citando miles de canciones como la balada de Snow Patrol "Chasing cars", ideal para acompañar unas lágrimas solitarias, o "Angels" de Robin Williams que tan buenos recuerdos nos trae a Aurora y a mí...
En fin, si para los que practican una religión las oraciones se convierten en una terapia y en un medio para el recogimiento, la música sería un equivalente para esta alma que os escribe en uno de esos días en los que la visita su viejo conocido, el miedo, ese miedo que todos sentimos en algún momento provocado por la incertidumbre ante un futuro poco halagüeño y que nos bloquea incluso el presente. Por eso, hoy se oye en las galerías de mi cerebro, a modo de conjuro, el tema de Rosana "...mejor vivir sin miedo..."