sábado, 26 de junio de 2010

Una gota de agua



La semana pasada celebré mi cumpleaños rodeada de los que me quieren y desde aquí aprovecho para agradecerles nuevamente que lo convirtieran en un día tan especial. A todos nos gusta sentirnos especiales de vez en cuando, la verdad es que resulta un buen alimento para nuestra frecuentemente hambrienta autoestima.



No obstante, no creo que se trate de pesimismo el adquirir conciencia de lo pequeños e insignificantes que realmente somos, yo prefiero considerarlo humildad. Es una verdad absoluta que sólo podría deprimir a aquellos que se creen superiores al prójimo o cercanos al Olimpo divino.



No me siento peor conmigo misma por proyectarme desde la cama de mi habitación hacia la inmensidad del Universo, como una pequeña gota de agua que cae al mar.



Tal vez sea ésta la razón por la que siempre me emocinen más las pequeñas historias de los seres anónimos que las proezas de los héroes de leyenda.

sábado, 12 de junio de 2010

Un conjuro contra el miedo


En un capítulo de la serie sobre la escuálida abogada "Ally Mc Beal", una psicóloga, bastante excéntrica por cierto, le recetaba que buscara su canción de la felicidad, una melodía que limpiara su aura de malos rollos como si de un mantra budista se tratara. El efecto era casi mágico, y la protagonista de semejante prodigio se sumergía en un optimista baño de felicidad cada vez que la melodía elegida salía a su encuentro.

Recuerdo que ese capítulo me pareció escrito para mí y para todas aquellas personas que escuchamos nuestra propia banda sonora. La mía se compone de temas tan eclécticos que a veces me sorprendo cuando reconozco la voz del inefable Camilo Sesto retumbando en mi cerebro con su "Y ya no puedo más, y ya no puedo más, siempre se repite esta misma historia"... Desde pequeña, la música ha tenido un papel importante en mi psique, y cantar y bailar me han proporcionado tantos momentos alegres que, sin duda, son en parte responsables de que tenga ganas de seguir adelante cuando lo que me rodea me da el silencio como respuesta a mis preguntas.

Cuando necesito fuerzas para torear lo malo, me animo con "I will survive" o la versión más petarda de Mónica Naranjo " Sobreviviré" -aunque a veces caigo rendida a la todavía más castiza "Resistiré" del Dúo Dinámico y a su "junco que se dobla pero siempre sigue en pie"-.Como melodía de despertador escojo una canción que me invite a creer aquello de Serrat " hoy puede ser un gran día"; si mi autoestima está de huelga busco algún tema lo suficientemente petardo para que se active; como me asalte la melancolía recurro, por ejemplo, a " Entre mis recuerdos" de Luz Casal; en momentos donde no veo salida reaparece en mi mente el estribillo de Héroes del silencio que decía: "...siempre buscando una fuente donde poder respirar..."; y así podría seguir citando miles de canciones como la balada de Snow Patrol "Chasing cars", ideal para acompañar unas lágrimas solitarias, o "Angels" de Robin Williams que tan buenos recuerdos nos trae a Aurora y a mí...

En fin, si para los que practican una religión las oraciones se convierten en una terapia y en un medio para el recogimiento, la música sería un equivalente para esta alma que os escribe en uno de esos días en los que la visita su viejo conocido, el miedo, ese miedo que todos sentimos en algún momento provocado por la incertidumbre ante un futuro poco halagüeño y que nos bloquea incluso el presente. Por eso, hoy se oye en las galerías de mi cerebro, a modo de conjuro, el tema de Rosana "...mejor vivir sin miedo..."

domingo, 6 de junio de 2010

Es de bien nacido ser agradecido


Uno de los lujos que la "mardita" crisis no me ha arrebatado es el desayuno de los domingos en la cama: mi leche con Cola cao, mis tostaditas untadas con mermelada y, sobre todo, mi tiempo para recrearme y desperezarme antes de saltar del lecho de los sueños imposibles.

Mientras mi gata juega a morderme los pies que se mueven bajo las sábanas -¡qué mona y qué cabrrrona!-, he decidido asomarme a este blog que tenía algo olvidado por los diversos acontecimientos que han jalonado mi vida estos últimos días.

Y no es que no tenga nada que explicar sino que, como respiro algo mejor, he salido a dejarme ver por este sol que últimamente nos saluda tras el abandono al que nos ha sometido durante este inclemente invierno.

Aunque todavía arrastro ciertos achaques de salud, la primavera me ha revivido bastante y suaviza mis malestares varios permitiendo que lo bueno que me ocurre destaque sobre lo que no lo es tanto y, por este motivo, dejo los malos rollos y destaco algo que me ha hecho mucha ilusión:
este viernes vino a visitarme una exalumna de la que guardo muy buen recuerdo y, cuando esta vocación tan deteriorada por los gajes del oficio se iba a declarar en huelga, fue hablar con ella y encontrar, de nuevo, el sentido a esta profesión que se nutre de tantas emociones, unas positivas otras negativas, y que, a menudo, necesita de alguna muestra de gratitud para seguir desempeñándola. Hacía mucho tiempo que no sabía nada de ella y me sorprendió ¡invitándome a su boda!

A una escéptica como yo estas cosas le transmiten un poco de confianza en el ser humano, y es que ser agradecido parece que no está de moda ¡con lo poco que cuesta dar las gracias y el maravilloso efecto que produce en el que las recibe!


miércoles, 26 de mayo de 2010

Oda a la justicia



Entre muchos de los conceptos abstractos que aturden nuestra existencia, casi siempre tan concreta y objetiva, la justicia es, sin duda, uno de los más discutidos en cualquier ámbito o foro.

Recuerdo que, desde mi más tierna infancia, me obsesionaba reivindicar lo justo frente a lo que no lo era; entonces todo era más simple y mi concepto de justicia se limitaba a: " no es justo que no me dejen ir a jugar a la calle y a la vecina sí "o " no es justo que no me dejen ver los dibujos esta tarde".

El primer héroe justiciero que recuerdo era un pollito negro llamado Calimero que con su cáscara blanca en la cabeza iba por el mundo quejándose de lo injustos que eran los mayores porque no le comprendían. Más adelante, personajes como Robin Hood, el Zorro, Ivanhoe y demás justicieros me animaron a implicarme en tan loable lucha : la de la defensa de lo que era justo.

Con los años y la experiencia, uno llega a la conclusión de que estas ideas tan necesarias para ordenar nuestra caótica realidad no son otra cosa que eso, ideas y, en muchas ocasiones verdaderas utopías que la humanidad persigue desde tiempos remotos y que, además, a menudo han sido origen de disputas o, lo que es peor, de guerras, que por solucionar unas injusticias generaban otras, convirtiendo una honrosa empresa en una violación de lo que precisamente se pretendía defender.

La simplicidad maniqueísta con la que juzgaba de niña ( las cosas eran blancas o negras, buenas o malas, etc.) se convirtió en una argumentación tan compleja que me dejé enredar por la confusa relatividad que, a su vez, me condujo al inevitable escepticismo.

Actualmente, si bien sigo dándole vueltas y, de algún modo, defendiendo en mi entorno más inmediato la necesidad de sopesar nuestras decisiones y nuestros juicios de valor, sé que esa mujer con los ojos vendados no puede huir totalmente de la subjetividad propia de los seres humanos y satisfacer a todos.

A veces nos enfadamos e indignamos, con más o menos razón, porque lo que vemos no nos parece justo y nos da rabia que el resto de personas no lo vea como nosotros; sin embargo, esa balanza se decanta hacia el lado que no queremos y ya está, no podemos más que patalear y desfogarnos para, luego, resignarnos. Supongo que nos convertimos en "Calimeros" y, al final, nos conformamos con un abrazo de mamá gallina que nos consuela de nuestra infructuosa lucha por un mundo mejor donde reinen la igualdad y la justicia, aunque sean sordas y ciegas.


lunes, 17 de mayo de 2010

Altramuces



En la vida de cada persona los afectos van y vienen. Sólo unos pocos perduran, eso sí, si los cuidamos; y los más incondicionales son , sin duda, los que nos unen a nuestros progenitores.

Hoy hace dos años que murió mi padre y, entre lo de la victoria del Barça (del que era seguidor fiel) y la visita del sábado al Tibidabo, no dejo de acordarme de él.

No era un hombre perfecto y, a menudo, cometía mil y un errores, pero como tan solo se tiene un padre, pues qué le voy a hacer, lo echo de menos.

Cuando era más joven chocaba mucho con él, no estaba de acuerdo con sus actitudes y me indignaba su mal genio. Con el tiempo nos hicimos más viejos los dos y aprendimos a respetarnos a pesar de nuestros defectos ( tal vez nos cansamos de tanta lucha infructuosa por no dar el brazo a torcer).

Hoy ha amanecido el día con un sol radiante y primaveral que parece prometer la vida eterna, y me he percatado de que lo importante es conservar el recuerdo de que nuestro padre nos quiso, aunque se confundiera en la forma de demostrárnoslo.

Yo, por si acaso, cada vez intento dar más muestras de cariño a los míos y abrazarlos para sentir su calor y transmitirles que necesito que me acompañen por muchos años.

Y, mientras escribo esta entrada, estoy comiendo altramuces y recordando que mi padre siempre los compraba cuando iba al mercado, era el rey del picoteo y no podía resistirse a la tentaciones gastronómicas que se cruzaban por su camino.

¡Un saludo, viejo cascarrabias!

sábado, 15 de mayo de 2010

Tibidabo




Hoy me he despertado con una inquietud que no sentía desde mi más tierna infancia: "si llueve no podremos ir al Tibidabo"; y, antes de desayunar, he abierto la balconera y me ha sonreído un sol que pedía permiso a las nubes para salir.



Esta vez yo era la adulta que acompañaba a unos niños en su primera excursión al parque de atracciones más emblemático de Barcelona y no he podido evitar recordar esos domingos en los que mis padres decidían pasar el día en el Tibidabo. Durante un tiempo, mi hermana mayor era voluntaria de la Cruz Roja en el servicio médico del parque y la visitábamos entre atracción y atracción. De repente, aparecía mi padre con largas tiras de tiquets que prometían miles de risas y emociones -él nunca reparaba en gastos, todo lo hacía a lo grande.



Entre helados, palomitas y algodón de azúcar visitábamos castillos de hadas, trenes voladores y barcos pirata; en el museo de los autómatas podíamos conocer nuestro futuro con la gitana adivina, y en el palacio de los espejos nos descubríamos enanos o gigantes para luego perdernos en el laberinto de cristal.



Cuando somos mayores, a menudo olvidamos la maravillosa sensación de la felicidad pura y simple de los niños, pero hoy, en la cesta de la noria, unos ojos infantiles me la han contagiado.



¡Ojalá no perdiéramos esa fabulosa capacidad de entusiasmo!



Para rematar este "revival", al llegar a casa y poner la televisión he vuelto a ver por enésima vez el clásico de Hollywood "Mujercitas".



Creo que hasta se me ha alisado el cutis con tanta regresión...

viernes, 7 de mayo de 2010

El "mardito" estrés




Mientras se me seca la laca de uñas he decidido escribir en este pobre blog olvidado. No encuentro tiempo para asomarme a esta ventana amiga. Me temo que soy una de tantas personas estresadas por el ritmo frenético que demanda nuestra sociedad moderna. Sí, ésta es otra de las muchas páginas que se dedican al eternamente vapuleado estrés.



Sin embargo, dejando aparte que parece ser que me he convertido en una de sus numerosas víctimas y mi cuerpo me lo recuerda continuamente, estoy un poco harta de las típicas quejas de mis congéneres sobre este tema.



Sin duda, la actual crisis económica mundial nos exige más energía y entrega en todo lo que hacemos, pero esto es lo que tiene la lucha por la supervivencia y, en muchas ocasiones, el estrés nos hace estar alerta para salvar el tipo. Todas las especies del planeta experimentan esta tensión si pretenden sobrevivir, es parte del precio que pagamos por disfrutar la aventura de salir cada día al mundo.



Y qué me decís del placer que supone arañar unos instantes de paz a la vorágine cotidiana. Tal vez no valoraríamos tanto la placidez si no tuviéramos momentos acelerados.



En todo caso, me parece que lo más inteligente es aprovechar la calma y esperar que el maldito estrés no nos gane la batalla.



Bueno, voy a seguir con los preparativos para el acto al que debo acudir en una hora e intentaré maquillar las huellas que mi colega, el estrés, ha dejado en mi rostro ( he comprado una ampollita que dicen que hace milagros)...


viernes, 30 de abril de 2010

La caja de música


Salí del trabajo con esa sensación prometedora de todas las tardes de viernes.

Decidí aprovechar el buen tiempo para comprar algunas cosillas por el centro antes de llegar a casa. Buscaba, sobretodo, un regalo muy especial para festejar el primer cumpleaños de mi ahijada; hace unos días le compré un pequeño colgante con su inicial y pensé que sería buena idea que la guardara en una de esas cajas de música donde se guardan los tesoros y los secretos de nuestra niñez.

Pues bien, he vivido una verdadera odisea hasta dar con ella ¡Parece mentira que en una gran ciudad sea tan costoso hallar una simple caja de música! Pero cuando ya casi iba a rendirme (hoy se me había ocurrido ponerme tacones y mi maltrecho esqueleto cada vez los aguanta menos), una dependienta amable, como el Tiresias de Ulises, me ha señalado una pequeña tienda de juguetes antiguos que ha resultado ser mi Ítaca particular.

Al entrar, una cara amable me ha conducido a la ansiada estantería donde me esperaban cajas de múltiples colores y músicas variadas, y he escogido una en la que aparecía un hada que giraba al son de una bella melodía; por un momento, casi beso el suelo del establecimiento que en mi fuero interno se había convertido ya en una especie de oasis para la infancia perdida.

jueves, 22 de abril de 2010

Mi mar


Nacer cerca del mar y vivir en una ciudad donde se respira su aroma nos condiciona más de lo que percibimos a simple vista. El rumor de las olas al morir en la arena de la playa forma parte de la banda sonora de nuestra vida.

Desde mi más tierna infancia el mar ha sido un amigo incondicional; primero, en esos domingos playeros, cuando me recuperaba del revolcón de una ola traviesa comiendo un polo de limón que compraba mi padre al hombre de los helados; después, luciendo biquini con las amigas embadurnadas de aceite de coco; también, en algunos viajes a otros lugares donde siempre veía, en definitiva, un mismo horizonte azul.

El mar recibe muchos nombres, el mío es el de Serrat, el Mediterráneo, pero en realidad es uno sólo y de ahí proviene su grandeza.

En estos últimos días se ha convertido en un buen compañero de fatigas y su presencia ha aliviado unos momentos duros, por este motivo he querido dedicarle esta entrada a mi fiel y respetado amigo.

Y, ya puestos a dar las gracias (este blog cada día se parece más a una entrega de los Oscar con tantos agradecimientos), envío un beso a esos otros mares más chiquititos que me han mecido en sus limpias aguas de cariño...

sábado, 17 de abril de 2010

La calderilla mágica


Varias escuelas filosóficas, muchas religiones y gran parte de las personas que conozco defienden la existencia de señales divinas, o en todo caso esotéricas, que infunden cierta lógica al caos del Universo y al devenir de nuestros días.


Hace tiempo que mi experiencia vital me convenció de lo absurdas que son las cosas y de que la ampulosa idea, tan trillada, de la justicia universal no es más que un consuelo socorrido por tantos seres humanos que intentan poner orden a lo que les rodea. Eso me creó un conflicto interno sobre el sentido del bien y del mal que me tuvo dudando sobre si valía la pena intentar ser buena gente o no. Al final, decidí que no me sentaba bien desear el mal a nadie, por más justo que fuera, ni esperar más compensaciones a mis buenas acciones que la tranquilidad interior que me proporcionaba el sentirme bien conmigo misma.


Sin embargo, no he conseguido desprenderme por completo de ese afán de ver señales misteriosas por doquier y ayer, cuando un taxista me devolvió diez euros en calderilla porque no tenía un billete, pensé que se debía a que durante toda esta semana he estado buscando monedas para tomar cafés en las máquinas de las salas de espera del hospital donde he estado cuidando a mi hermana enferma.


No puedo evitar sonreírme ante el aspecto cutre de esta "señal" porque cuando me tomo en serio no me soporto a mí misma.


viernes, 9 de abril de 2010

¡Gracias!



Ha sido un largo y frío invierno, un invierno que me ha mantenido aislada del mundanal ruido. Pero el ciclo de la vida -como cantaban en El rey león- nos sorprende con una hermosa primavera que , además, será más verde que nunca por la sempiterna lluvia que ha caído estos días.


Durante estos dos últimos meses, mientras la vida de los otros continuaba afuera, yo la veía a través de mi ventana concentrándome en cada respiración sin comprender por qué el aire no fluía como antes.


Una noche de finales de enero, mi amigo Xesco decidió abrir una nueva ventana para que no me perdiera entre ahogos y suspiros y, sin más pretensión que la de animar a una "pobre asmática en apuros", empezó mi andadura por el ciberespacio en forma de blog, convertiéndose inesperadamente en una medicina para combatir el aislamiento involuntario al que me sometía esta pesada enfermedad.


Hoy me he sorprendido al ver que ya he tenido mil visitas y por eso quiero agradecer a los amigos conocidos y también a los amigos desconocidos( ¡qué curiosa paradoja! ) que se hayan asomado a mi ventana para ventilar mis malos aires.


¡GRACIAS!

lunes, 5 de abril de 2010

El Día de la Mona





Por circunstancias diversas, la vida me ha negado algunas experiencias bastante comunes para el resto de los mortales -no las citaré porque no me va el victimismo y me lo tomo con cierta conformidad-; sin embargo, hoy he experimentado mi primer día de la Mona con ahijada y ha sido un maravilloso regalo proporcionado por mi gran amiga Aurora (bueno, vale, Josep también puso algo de "sus partes") .



Emma nació un domingo soleado de mayo y sus padres me propusieron ser su padrina cuando ya pensaba que sería otro rol que no me tocaría representar. En Cataluña, este ofrecimiento supone un gesto de confianza muy importante y, entre otros menesteres, el padrino se encarga de regalar el lunes de la Pascua un pastel con huevos de chocolate y adornado con plumas y pollitos. Así que hoy he sido una más de los que celebran este día y por unos momentos me he sentido a gusto participando de los rituales de mi comunidad, algo poco frecuente para una persona como yo.



Si la vida ya es un regalo en sí misma, estas experiencias son el envoltorio maravilloso que provoca una especial emoción antes de abrir el paquete.

miércoles, 31 de marzo de 2010

La civilización castrante



Estoy intentando convencer a mi gata, y de paso a mí misma, de las bondades de la civilización. Pero es complicado hablar con un animal nacido para trepar, cazar y ser libre mientras lleva una campana de plástico para impedir que lama los puntos de una operación que anulará sus posibilidades de reproducirse.


Es el precio que debe pagar por vivir dentro de las comodidades que nos ofrece esta sociedad. Cuando la recogí de la calle intentando ofrecerle una oportunidad de supervivencia ante los duros inviernos y los estómagos vacíos, ya supe que tendría que esterilizarla, por lo de las molestias del celo, etc. Por otra parte, no creo que sea agradable sentir la llamada de la selva y encontrar los barrotes de una jaula de cristal.


Puede parecer un alto coste, sin embargo, todos los que vivimos en este lado del mundo, el de los ricos, lo pagamos sin pensar en otras posibilidades.No voy a caer en la trampa new age de creer que la madre naturaleza es la buena y la civilización el origen de todo mal, porque no es cierto en absoluto, la naturaleza está por encima de las consideraciones morales que el ser humano ha creado, no en vano estaba antes que él en el universo. Y, a menudo, me congratulo de todos los avances éticos que la cultura, fruto esencial de la civilización, ha llevado a cabo para compensar las injusticias de la madre naturaleza. No olvidemos que la propia selección natural, que Darwin descubrió, ya implica la desaparición del más débil frente a la supremacía del ejemplar fuerte. Por ejemplo, gracias a la civilización una miope de nacimiento como yo ha sobrevivido en estos tiempos en condiciones aceptables, y todo porque he nacido en un lugar y en una época adecuados.


Sin lugar a dudas, este razonamiento tan personal no le sirve en absoluto a un felino doméstico que va dando tumbos, desorientado, sin comprender aquello tan consabido y que tanto nos han repetido: "¡es por tu bien!".


¡Bienvenida a la civilización, Ninoshka! (Aunque sea castrante...)

domingo, 28 de marzo de 2010

¿Qué pasa con Cuenca?



A principios de los noventa vi una película cuyo protagonista , interpretado por Coque Malla, manifestaba que aunque siempre había querido viajar a Cuenca no había manera de conseguirlo. El filme, por otra parte, termina con el personaje partiendo hacia la bella ciudad de las casas colgantes. Pues bien, algo debe pasar con Cuenca porque he conocido a varias personas con parecidas dificultades para visitarla.


Una de esas personas fui yo misma que, incluso cuando lo conseguí en el 99, tuve más de un impedimento por el camino. Proyecté varias veces diferentes viajes para visitar esta ciudad y otras tantas se abortaron por diversos motivos: una opción mejor, problemas de transporte, discusión con los que serían mis compañeros de viaje, etc.. Este destino se convirtió en un reto y decidí luchar contra los funestos hados como hizo Ulises para llegar a Ítaca.


Y lo conseguí, eso sí con dos dedos rotos del pie y por tanto coja, lo que condujo a que los paseos por las calles adoquinadas del casco antiguo fueran de lo más peligroso para mi integridad física. Mi compañera de viaje,Aurora, sufrió más que si estuviera viendo a un funambulista a punto de perder equilibrio continuamente y, con toda probabilidad, deseó más de una vez que, de nuevo, este destino turístico maldito se hubiese gafado.


Lo más curioso es que el mismo día de llegada coincidía con un anunciado eclipse de sol de aquellos que pronostican el fin del mundo, y yo pensaba: "¿Se acabará el mundo con tal de que no vea Cuenca? Tampoco hay que exagerar ¿no?"


Bueno, en fin, parece ser que uno siempre consigue ir a Cuenca a pesar de todos los escollos que le amenazan y así se lo hice saber a mi buen amigo C. que esta Semana Santa pensaba visitarla pero algo ha pasado que no va a poder ser...


¿Qué pasa con Cuenca?

viernes, 26 de marzo de 2010

Aprender



Cuando hoy, por fin, me he sacudido la pereza y he decidido abrir mi blog(aunque realmente no me sentía inspirada para escribir una nueva entrada), me he puesto a leer los comentarios que algunos me dejáis. De repente, los de Francisco Torrents han despertado a la inoperante musa que me tenía abandonada. ¿Por qué? Pues porque usted o, mejor dicho, tú -los compañeros blogueros nos tuteamos ¿no?- eres una de esas personas que no tiene miedo a lo nuevo, me explico: mientras otros, como yo misma, nos bloqueamos ante cualquier novedad de tipo tecnológico y sufrimos espasmos cuando escuchamos que si "mp3", "mp4","iphone", "ipod" y otras leches en vinagre, tú siempre te has interesado por aprender todo lo que el siglo XXI está aportando a la humanidad, incluyendo este invento del "blog".


Aún me acuerdo de lo fascinada que me dejabas de adolescente, cuando iba a casa de mi amiga Aurora y me enseñabas los últimos cd's que te habías comprado; mientras mis padres y otros miembros de tu generación no pasaban de Los panchos o Manolo Escobar tú escuchabas pop inglés y rock americano del mejor, clásico y del momento.


Hace tiempo observo que existen dos tipos de personas: los que se conforman con lo aprendido y los que se conforman con aprender cada día un poco más y, sin duda, tú eres de los segundos y me gustaría hacerme mayor con esas ganas de saber más de lo que hoy sé.


Como sé que te gustan mucho las fotos de transportes te incluyo la de este tranvía lisboeta que tomé desde oootrooo tranvía lisboeta.


Una abraçada, senyor Torrents!

sábado, 20 de marzo de 2010

El "inamigo"


En castellano el antónimo de amigo es enemigo, pero estas dos palabras no recogen exactamente todos los matices que en la vida uno aprecia sobre el verdadero sentido de la amistad.

A veces pienso que hay tantos tipos de amigos como personas existen, por este motivo siempre añadimos complementos: amigos de juerga, amigos íntimos, amigos del trabajo, amigos para viajar, amigos de la infancia, amigos del "insti" o de la "uni",... Aunque, sin temor a equivocarme, la expresión al respecto que más utilizamos es la rotunda "amigo de verdad" con la que se nos llena la boca en determinadas situaciones y de la que renegamos algunas veces en las que esta "verdad" se convierte en una estafa.

No obstante, no entiendo por qué un amigo debe convertirse en enemigo el resto de nuestras vidas, con las connotaciones negativas que tiene este concepto: rencor, odio, malos recuerdos,... Además, algunos no nos podemos permitir experimentar este tipo de sensaciones tan destructivas -yo, personalmente, siempre somatizo los malos rollos y se me transtorna el cuerpo más de la cuenta, de modo que el odio me va mal para la salud- e infructuosas porque ¿qué se gana con darle vueltas y vueltas a lo que te hizo esa persona que bajó de tu vagón vital bien porque no quiso seguir siendo tu compañero de viaje, bien porque lo invitaste a apearse tú mismo? La respuesta es sencilla: NADA, porque tras el natural desahogo, uno recurre al consuelo de que menos mal que aún me quedan amigos de verdad...y todo vuelve a empezar.

En el cibermundo se utiliza mucho un palabro inglés,"unfriend", que podría describir algo mejor a ese amigo al que decides apartar porque no te apetece seguir relacionándote con él por determinados motivos , y no por eso pasa a ser tu enemigo en la batalla de la vida. Tal vez en español iría bien incorporar un término semejante, por ejemplo "inamigo" que no tiene la acritud de enemigo y , por otra parte, se aproxima más a la idea que necesitamos expresar.

¡Buen viaje, inamigos!

domingo, 14 de marzo de 2010

El buen perdedor


Ganar o perder, todo es posible en el juego de la vida. Algunos se conforman con jugar dignamente y mueven sus cartas con inteligencia, incluso cuando en el reparto inicial no les hayan dado demasiados triunfos. Cuando empieza la partida todos queremos ganar pero sólo habrá un vencedor, el resto de los jugadores tendrán que encajar el fracaso y perder con dignidad esperando que la próxima partida les dé otra oportunidad de victoria.

Siempre admiramos al ganador, sobretodo cuando lo hace con cierta dosis de humidad; sin embargo, desde pequeña, me fascinó la figura de aquél que sabe perder con elegancia y fuerza, y que se marcha con una sonrisa breve y agridulce dibujada en su rostro.

Los buenos perdedores se alejan solitarios por una calle gris, en un día lluvioso y frío, y sus siluetas se desvanecen entre las sombras...

miércoles, 10 de marzo de 2010

Jane Austen


Acabo de ver una película sobre los últimos años de Jane Austen.

Hace muchos años, cayó en mis manos Orgullo y perjuicio y ya no pude dar vuelta atrás, me rendí a la sutil ironía y al romanticismo costumbrista de esta escritora. Me reconozco como una más de las seguidoras de la Austen y de vez en cuando necesito releer alguna de sus obras.

Sin embargo, hoy me he visto reflejada más en la autora que en cualquiera de sus heroínas, tal vez sea por la edad, ya no soy una candorosa a la par que inteligente jovencita. Ahora me identifico más con esa solterona que se enfrenta a la incomprensión que despierta su elección de no contraer matrimonio para defender su libertad, a pesar de intuir que el precio de esa libertad sería caro -la soledad emocional y económica no es fácil de sobrellevar, ni siquiera en el siglo XXI -.

jueves, 4 de marzo de 2010

La elegancia


No hay discusión más infructuosa que la del "buen gusto". Tras el consabido intercambio de argumentos a favor o en contra de determinados conceptos estéticos, uno llega a la conclusión de la imposibilidad de convencer al contrario de que su opción es la más válida. Y, por supuesto, alguien dice aquello de " para gustos, los colores" o " sobre gustos no hay disputas". Pero, bueno, aunque supongo que existen ciertos parámetros unificadores lo que más me interesa de este fenómeno de opinión es la certeza de que algunas personas poseen un "je ne sais quoi" ( más glamuroso que un "no sé qué") que las convierte en exponentes de la elegancia.

Pero ¿qué es la elegancia? ( ¿otro debate? No, gracias) Se podría definir desde muchos aspectos: un traje, un peinado, unos gestos...Sin embargo, según mi parecer, la elegancia es una cuestión de actitud.A mí me impresiona la elegancia del que sabe perder - en el juego y en la vida-; la de aquel que sonríe ante un golpe de mala suerte; la del que cede el asiento en el bus a alguien que lo necesita más; la del que saluda con igual respeto a la señora de la limpieza que al jefe y, en definitiva, me parece muy elegante la persona que tiene la maravillosa costumbre de ser bueno desde la discreción. ¿ Y qué me decís de la elegancia del sabio cuando reconoce que todavía le queda mucho por aprender?

Realmente, aunque siempre es agradable que a uno le digan que tiene estilo ( sobretodo cuando lleva un jersey de seis euros comprado en el mercadillo) lo que de verdad deberíamos trabajar es en esta actitud de elegancia que convierte un Armani en una lechuga iceberg, por ejemplo - y sin faltar ni al uno ni a la otra-.

Y que conste que no renunciaré,a pesar de lo dicho,a mis desayunos de fin de semana en la cama y con mi revista de moda mensual.

domingo, 28 de febrero de 2010

Blancanieves en el bosque


Aunque mi estado de salud va mejorando, mi vida social todavía se encuentra bajo mínimos. Cuando nos falta aire para respirar es complicado hablar y más aún reír a carcajadas, como tanto me gusta, de modo que estar con mis amigos se convierte en algo dífícil porque con ellos no puedo estar más de cinco minutos sin encontrar el lado cómico a todo, incluso a nuestras desgracias. Por eso, a veces, no puedo quedar con ellos, muy a mi pesar. Pero lo sigo intentando.

El sentido del humor ha sido el prícipe azul que me ha salvado de todas mis cuitas y desdichas , y espero que no me abandone a pesar de que no me sea fácil exteriorizarlo. Por lo pronto, este domingo de febrero, me encuentro en mi casita, rodeada de mis criaturas del bosque, escribiendo esta entrada mientras mi gata acecha maliciosamente a mi periquita y mi conejo da vueltas a mi alrededor para que le dé una golosina, realmente, parezco Blancanieves...