martes, 26 de julio de 2011

Tecnofobia versus tecnofilia



Durante varios meses la opción de dejar comentarios en este blog ha sido inviable. Mi reconocida -y asumida con absoluta humildad- falta de pericia en estas lides informáticas ha impedido que mis escasos (!pero selectos, ejem!) seguidores pudieran escribir sus opiniones sobre mis escritos. Y es que de donde no hay no se puede obtener nada bueno...



Todavía me acuerdo de mis primeros conatos de aproximación a un ordenador: sentía tanto miedo como rechazo a estas máquinas caprichosas y sin emociones. Sin embargo, hubo momentos en que las personifiqué hasta el punto de creer que podían vengarse de mi falta de amor por ellas. Llegué a pensar que mis malas vibraciones favorecían que, de buenas a primeras, me desapareciera el cursor de la pantalla o de que la tecla de los acentos no funcionara.



Y eso sin mencionar la de veces que estos malditos trastos se burlaban de mis prisas cuando tenía que abrir la carpeta de exámenes para imprimir uno para la clase siguiente. En pocos segundos, mi paz o mi alegría se convertían en una ira visceral y mi lado oscuro brotaba mientras lanzaba mil improperios aunque estuviera en la sala de profesores o delante de desconocidos. En seguida, venía algún adalid que intentaba calmar mis nervios y sacarme del lío técnológico en el que me había enredado.



En mi interior creció, y se asentó, la absoluta convicción de que tanto la informática como mi santa madre eran los dos entes capaces de cambiar mi estado de ánimo, en milésimas de segundo, de la serenidad a la histeria.



Aun así, una personilla de carne y hueso no puede ir contracorriente durante mucho tiempo y, sea por obligación o por resignación cristiana, entré en el siglo XXI y un buen día apareció en mi casa un ordenador. Mis amigos, más despiertos y abiertos a lo nuevo, me ayudaron a superar en parte esta fobia tecnológica que padecía, hasta el punto de que Xesco, mi hombre-blog, me diseñó esta ventana al ciberespacio para que matara mis horas de obligada convalecencia. Debo reconocer que, desde entonces, algo de mi habitual repulsión a estos demoníacos artefactos se convirtió en simpatía. Sin embargo, aún me veo más fuera que dentro de estas nuevas realidades y siempre voy a la zaga, diez pasos atrás por lo menos, del ritmo que sigue mi entorno inmediato.



Supongo que, al menos, ya no siento el rechazo retrógrado, hijo del miedo a lo desconocido, que me hacía echar pestes de toda nueva tecnología que apareciera a mi alrededor. Pero, a menudo, me descubro ironizando y estudiando a los que se entusiasman con las últimas novedades que se lanzan al mercado para que los consumidores sientan necesidades que jamás habían experimentado hasta entonces.

En fin, lo que está claro es que, si no fuera por el progreso tecnológico, estas opiniones se quedarían en un recipiente muy carnal y espiritual, sí, pero absolutamente opaco.

sábado, 16 de julio de 2011

Los olvidados





Jorge Manrique, en el siglo XV, dedicó su obra maestra a la memoria de su padre con la intención de rendirle homenaje y de lograr que su fama no fuera enterrada junto a su cuerpo. Parece ser que, desde la antigüedad, el ser humano siente un interés especial en que su recuerdo no se desvanezca como el humo. A veces eran los vivos los que consideraban que determinadas hazañas debían ser recordadas aunque sus protagonistas no disfrutaran del reconocimiento a sus logros. De todos modos, la ingratitud del olvido ha sido, a menudo, lo que muchos han recibido por sus méritos y, aunque pasen los años conviviendo con esa agria sensación, cuando se les reconoce sienten que sus sufrimientos no han sido en vano.





Reconozco que siempre me ha interesado más la intrahistoria, la pequeña anécdota de los anónimos, que la que se estudia en los manuales de Historia, y, por este motivo, un documental sobre los soldados republicanos españoles que ayudaron a liberar Francia de los nazis ha conseguido emocionarme. Ver y oír a Manuel y a Luis rememorando cómo lucharon por sus ideales, sin esperar otra cosa que conseguir la libertad de las gentes de su tiempo, me llega más adentro que oír discursos grandilocuentes de generales y reyes que apenas se ensuciaron las manos para ganar una batalla.



Me pregunto cuántos olvidados nunca han sido,ni serán, reconocidos ni por sus contemporáneos ni por generaciones venideras. Para todos ellos ahí va mi humilde admiración.

lunes, 20 de junio de 2011

19-J ¡Felicidades!






Nací un 19 de junio de hace unos cuantos años, así que hoy he celebrado mi cumpleaños -bueno, de hecho empecé ayer por la noche con las celebraciones, y lo que me queda...-; sin embargo, el de este 2011 ha resultado ser un cumpleaños especial. Los que me quieren me lo han demostrado y han brindado por mi futura felicidad deseándome que las cosas mejoren y, como tengo la buena costumbre de ser agradecida, aprovecho este blog para darles las gracias a todos.



No obstante, si algo he aprendido en los años que llevo deambulando por este mundo, es que los brindis no son suficientes para conjurar las amenazas que sobrevuelan nuestras cabezas, por lo tanto, y desoyendo los consejos de una madre sempiternamente preocupada por mi integridad fisica y aun sintiéndome algo indispuesta-, he decidido sumarme a las manifestaciones que han recorrido las calles de las ciudades con la intención de denunciar las injusticias que se están produciendo a lo largo del planeta.


Tal vez no se consiga gran cosa, o, quién sabe, quizá se trate de un día histórico que marque una inflexión en la forma de tratar a los poderosos; en todo caso me ha emocionado ver que las "anónimas" víctimas de los excesos de estos últimos han dejado sus hogares, se han sacudido su pereza dominical habitual y se han derramado por toda la geografía española para reivindicar sus derechos.


Y para terminar con este cumpleaños sui generis, he decidido editar esta entrada con una de las fotos que he sacado esta misma tarde: un abuelo revolucionario nos instaba a los más jóvenes a que siguiéramos luchando por los derechos de los más débiles, a que continuáramos con esta revolución social, pacífica y justa, para que los esfuerzos que gente como él había realizado con la intención de dejar un mundo mejor no se quedaran en agua de borrajas.



lunes, 13 de junio de 2011

El chiringuito



Tenía unos dos años, según me ha contado, cuando me perdí en la playa. Íbamos varias familias y como mi padre no podía conducir por sus problemas de visión, siempre nos repartíamos en los coches de los demás. Mi, paradójicamente, sobreprotectora madre me vistió y me metió en uno de los vehículos, pero parece ser que, mientras ella se iba al suyo, yo me bajé por la otra puerta para seguir cogiendo piedrecitas en la arena. No se dieron cuenta de que no estaba hasta que llegaron a Barcelona y fueron a buscarme para bañarme. Nadie reparó en que faltaba la niña más pequeña porque éramos tantos en casa de mis padres, centro de reunión familiar durante años, que todos pensaban que estaba con otro. Sin embargo, yo estaba sola, con mi gorrito y conjunto playeros, paseando por la playa hasta que parece ser que decidí descansar en un chiringuito. El propietario me entretuvo y protegió hasta que al cabo de unas horas mi padre y mis tíos aparecieron y me devolvieron al seno familiar en medio de oraciones y tilas que intentaban calmar los llantos de una madre destrozada. Me cuentan que yo no estaba asustada, como si no fuera consciente de la gravedad de lo sucedido, y tal vez sea cierto porque nunca he recordado semejante situación. No obstante, y como dicen los psicólogos, si las experiencias infantiles son tan importantes para el desarrollo de la persona, es fácil entender que siempre me hayan encantado los chiringuitos y que, más a menudo de lo que hubiera deseado, me sienta perdida y sola en busca de, todavía, no sé qué cosa.

domingo, 29 de mayo de 2011

INDIGNADA




Me ha costado mucho elegir una imagen entre todas las que el movimiento 15-M ha generado. He decidido descartar las más impactantes debido a la violencia que desprenden, porque esta iniciativa siempre ha querido ser pacífica a pesar del interés de ciertos poderosos en banalizar y desacreditar a estos INDIGNADOS.



La fotografía elegida ha sido la de una de tantas asambleas que se celebran a diario en esta plaza tomada por personas anónimas que han desplazado a las palomas como símbolo de una paz activa, buena gente que no quieren ser tratados como borregos conducidos al matadero después de haber sido esquilados y desnudados de su lana.




Ha llegado la hora. Los jóvenes hablan, y los mayores. Se escuchan unos a otros sabiendo que están unidos por las ganas y la necesidad de detener esa nube negra que se está instalando sobre las cabezas de millones de personas que, sin comerlo ni beberlo, se empapan con la lluvia de la sinrazón y, para mayor inri, no tienen ni para comprarse un paraguas.

martes, 17 de mayo de 2011

Las pinzas voladoras



Mientras el mundo zozobra entre terremotos, crisis, levantamientos contra la tiranía, manifestaciones de indignación (¡ya era hora!) y otros asuntos realmente importantes y trascendentes, una mujer hace la compra y entra en una droguería-perfumería. Esperando su turno para ser atendida, se fija en unas pinzas para el cabello y coge una para examinarla más a fondo. Es demasiado pequeña y opta por devolverla al cartón de donde la ha sacado. Pero no puede abrirla; presiona y presiona, asombrada de que un diminuto artilugio sea tan resistente; lo vuelve a intentar con más fuerza y, de repente, sale disparada cual proyectil asesino pasando entre la dependienta y una clienta dándoles un buen susto y provocando las consiguientes carcajadas de los circunstantes que, por unos instantes, olvidaron sus problemas para llegar a fin de mes, el temor hacia un futuro incierto, sus propias angustias existenciales y hasta el dolor de juanetes. Es el poder de la risa, que despeja nubes de tormenta.

domingo, 17 de abril de 2011

¡Cerremos las tijeras!


He crecido en el seno de una familia propensa a creer en supersticiones varias y eso no es fácil de superar, por muy racional que uno sea, y aunque me gusten los gatos negros y el amarillo.


Una vez rocié de sal a un cliente de un restaurante porque se me había derramado el salero y quería neutralizar la mala suerte con tres lanzamientos de la susodicha por encima del hombro izquierdo(¿?), porque, eso sí, de la misma forma irracional en que nacen estas supercherías también se desarrollan conjuros para salvarse de estas mundanas maldiciones.


Pero hoy no pretendo escribir sobre estos asuntos del acerbo popular. Mientras leía el reivindicativo blog de mi amigo Xesco, el, por otra parte, responsable de que yo pueda asomarme a esta ventana, he pensado que el tijeretazo al que se nos pretende someter a los ciudadanos de a pie es, sin duda, una verdadera maldición que la mala gestión de los poderosos "mercados" ha derramado sobre nuestras pobres cabezas. Y esto va más allá de los recortes en sanidad de una comunidad autónoma, estas tijeras están cortando el sueño de tantas personas que en el presente y en épocas pasadas lucharon por los derechos básicos de los seres humanos en nuestro país y en el mundo.


Unas tijeras abiertas dan "mal fario" y para huir de él deben cerrarse, y no es que quiera basarme en una superstición para incitar a la lucha por los derechos universales, sin embargo, estaría bien que entre todos buscáramos la manera de mantenerlas cerradas. Si hay que cortar algo que sean las codiciosas alas de los que han querido volar más alto que el resto de los mortales y, como Ícaro, cayeron al mar por su desmesurada avaricia y porque la cera que unía sus plumas se derritió con el calor del sol de la justicia.


¡No dejemos que sigan planeando con la falsedad mientras nosotros sufrimos las consecuencias!

domingo, 3 de abril de 2011

La bella dama



Al salir del metro me he dado cuenta de que los árboles del parque ya verdean, e incluso algunos se ríen del invierno con unas flores lilas que alegran mi regreso a casa. Y es que ya se va el frío y apetece pasear sin prisas aprovechando que los días son más largos y la temperatura permite olvidar los pesados abrigos. Así llega la primavera. A ella no le importa la crisis, ni el tsunami japonés, ni mucho menos las elecciones locales de mayo, la bella dama es ajena al dolor de los mortales o a la alegría que nos infunde.


A pesar de que llevo unos días de encierro por mis habituales achaques pulmonares, siempre he sonreído a la primavera; hace unas semanas ya me fijé en el primero de los árboles que se pintaba de verde y, enseguida, lo han imitado los demás, como si quisieran reflejar de forma literal la conocida expresión: " ponerse verde de envidia". Lo curioso es que el verde también es el color de la esperanza, dos sentimientos demasiado opuestos para llevar el mismo traje.


Como la envidia nunca me ha sentado bien, me quedo con la esperanza en esta nueva primavera que tal vez remedie un poco las tristezas de los corazones helados.

domingo, 6 de marzo de 2011

Hair




Me gustaría decir que aún creo, pero no es cierto. Y, sin embargo, es maravilloso regresar a lo elemental, a lo más sencillo, a la esencia de las cosas: la paz, el amor, la belleza, la libertad y todas esas pulsiones que enriquecen la vida del más ínfimo ser que puebla la inmensidad del Cosmos.



En los sesenta unos inspirados melenudos creyeron haber encontrado la piedra filosofal para conseguir que la felicidad poblara cada rincón del mundo, no obstante, y a pesar de sus buenas intenciones, esos "hippies" pagaron un alto precio con la pérdida de esa inocencia y las drogas, que fueron cómplices de sus verdugos.



Tal vez nos convendría a todos los escépticos dejarnos envolver de vez en cuando por el humo de una droga que se llama fe o esperanza en que los seres humanos se entiendan, se respeten y se amen.



Por lo menos, ayer por la tarde, bebí un cóctel de ilusión, de belleza y de buena música en un teatro de mi ciudad participando de esa fiesta de buen rollo que es "Hair":



¡Flower power!

domingo, 13 de febrero de 2011

¿ Y dónde está ahora papá Estado?


Sin temor a parecer que busco excusas baratas para defender mi indefendible vicio de fumar, me gustaría reclamar un poco más de sentido común -bien dicen que resulta ser el menos común de los sentidos- a la hora de juzgar los agentes que provocan enfermedades.

Supongo que existen ciertos intereses creados que obligan a los velan por nuestra salud, llamémoslos, actualmente, señores del ministerio de Sanidad, a obviar sustancias y conductas que cada día diezman a la población y que se consideran una especie de daños colaterales que conlleva el progreso.

Son tantos los venenos invisibles que invaden nuestra alimentación y el aire que respiramos que mejor no empezar a remover la mierda - con perdón- por si esa rueda implacable de la tecnología punta se detiene y los poderosos "mercados" se molestan.

Es fácil arremeter contra el tabaco porque se ve y se huele, y considero acertada la preocupación de las autoridades por combatirlo ( aunque a veces los fumadores educados nos sintamos cercanos a una especie de "apartheid"), sin embargo, lo que más me indigna es que los que quieren que seamos más sanos cierren los ojos y miren hacia otro lado cuando lo que toca es combatir humos mucho más dañinos. Tal vez la contaminación les impide, como a mí, ver a los verdaderos malos de la película y prefieren arremeter contra el secundario "malote"...

sábado, 22 de enero de 2011

El puente



Cada mañana, bien abrigada y medio dormida, cruzo el puente que me conduce al metro de Marina. Es la primera etapa que deberé superar para llegar a mi trabajo. No es un puente colgante, ni especialmente hermoso, pero, como todos los puentes, tiene como objetivo la unión de dos lugares que estarían condenados a no cruzar sus caminos.


El ser humano es el artífice de estas uniones de piedra, hormigón y hierros que esconden una metáfora bellísima que se podría usar como ejemplo para todas esas personas que pretenden separar. Aún recuerdo esa triste imagen de la guerra de los Balcanes: el puente de Mostar, en Dubrovnik, destruido por un bombardeo tras siglos uniendo gentes de toda clase y condición.

¿Por qué unos quieren unir y otros destruir esa unión? Y es que la condición humana es capaz de la más singular muestra de nobleza espiritual, y, por desgracia, también es la causante de las más execrables acciones que uno pueda imaginar.

Personalmente, me quedo con los puentes que conectan a personas, que fusionan ideas y que me facilitan el acceso a mi mundo.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Caminas con la solemnidad de una reina...


Hoy he visitado junto a mi mentor en esto del bloggeo, mi buen amigo Xesco, una exposición sobre la remota historia de Arabia y sus dinastías. Después nos hemos incorporado a la caravana de los mil Reyes Magos que pululan por las calles comerciales de nuestra ciudad buscando regalos para hacer reinar la alegría una mañana de enero al año. Aunque ya no traen incienso y mirra como los de Oriente, también inician largas rutas a través del desierto de las dudas : ¿será su talla?, ¿le gustará el color?, ¿qué le compro a mi suegra?...

Y es que la realeza sigue teniendo connotaciones positivas, a pesar de que las sagas reinantes de nuestros días hayan oscurecido ese brillo que heredadon de los viejos cuentos de hadas. Incluso una mujer criada en el seno de una familia de tradición republicana como yo, siente cierta debilidad por esas edulcoradas crónicas sobre una trasnochada aristocracia en decadencia.

Tal vez sea por ese motivo que me encanta que algunos comparen mi forma de caminar con la de una reina; supongo que confunden la lentitud de una asmática concentrada en su fatigosa respiración con la solemnidad de Su Excelentísima Majestad entrando en el Salón de la Corona.

Lo más gracioso es que si tuviera que escoger un reinado, me quedaría con el de una "dragqueen" en su actuación estelar de la noche, al menos son reinonas por decisión propia y no simplemente por herencia.

viernes, 3 de diciembre de 2010

La gata saca las uñas


Un buen día te miras al espejo y el reflejo te devuelve una imagen que te llena de orgullo. Y no es que tengas menos flaccidez -o que la muestra cosmética antiarrugas surta un efecto milagroso-, sino que reconoces el rostro de una persona que ha sacado la uñas para plantar cara a una injusticia que, a pesar de que afecta a unas pocas personas localizadas en un espacio pequeño y concreto, es importante para ti y para algunos compañeros de camino que se han sentido maltratados por comportamientos poco éticos.

Siempre queda cierta inquietud por las posibles consecuencias, pero te sobrepones al reconocerte por unos instantes como uno de aquellos valientes que admirabas en las historias sobre luchas, a menudo descompensadas, que lograban reconciliarte con un sentido de justicia, algo desprestigiado por estos tiempos de crisis donde parece que uno debe aguantar humillaciones varias con tal de no perder tu principal fuente de ingresos.

A veces no es fácil hacerse respetar, incluso en ocasiones te cansas de levantar la pata para marcar tu territorio, sin embargo hoy, al llegar a casa tras haber vivido momentos especialmente delicados, me he sentido la protagonista de mi particular película de aventuras en la que he triunfado ante mis antagonistas de una manera limpia y serena.

Como no es frecuente que me sienta así de bien conmigo misma me he decidido a reflejar este momento de reconcilición con unos ideales que, con frecuencia, me parecen ingenuos y que acompañaron tantos momentos memorables de mi infancia, cuando los buenos ganaban a los malos y se casaban con las princesas...

sábado, 20 de noviembre de 2010

El sedentarismo


Me parece fascinante la multiplicidad de percepciones que los seres humanos pueden experimentar ante una misma realidad. Hace unos días recibí el informe médico de la revisión que nos hicieron en el trabajo y lo primero que leí fue : "Actividad fisica: SEDENTARIO". No discuto el veredicto, desde que comenzó este año, mis problemas respiratorios no me permiten grandes proezas deportivas, sin embargo, vivo al día e intento, con más esfuerzo de lo habitual, llevar una vida normal. Estas últimas semanas, por ejemplo, no paro; además de una actividad laboral frenética, mi vida social se ha nutrido de numerosas celebraciones que me han tenido tan ocupada que ni siquiera he podido asomarme a esta ventana cibernética. O sea, que el sedentarismo es muy relativo...

Lo que sí es cierto es que mi arraigado hedonismo me conduce a hacer cosas que me complacen y la única actividad física que me gusta es bailar y, últimamente, no me prodigo demasiado -cosas de la edad- por lugares destinados al respecto.

Jamás he podido ir a un gimnasio, no me sé ubicar. Una vez entré en uno de esos espacios de máquinas y me recordó a una sala de torturas medieval, me senté en uno de esos extraños artefactos y uno de los monitores, con una sonrisilla maliciosa, me comentó con tono paternalista que estaba colocada al revés.

Y correr ¡ qué os puedo decir de correr! No lo entiendo, yo ni siquiera corro para pillar un autobús. No le veo la gracia ¿por qué correr si uno no tiene prisa? El sábado pasado, no sé por qué razón, se me ocurrió correr para entrar en el metro antes de que se cerrasen las puertas (lo más gracioso es que no tenía prisa y, además, los metros pasan muy seguidos) y , a pesar de mi forma física sedentaria, lo conseguí, entré cual atleta llegando a la meta. El problema vino después, cuando me di cuenta de que ya estaba dentro pero no podía frenar; así que en milésimas de segundo y sin poder evitarlo me estampé contra una distraída turista francesa que se llevó el susto de su vida. Y es que cuando una no está hecha para el deporte lo mejor es esperar a que llegue el siguiente tren y conservar la dignidad, aunque sea sedentaria.

domingo, 31 de octubre de 2010

El secundario


Si hay algo que se le debe reconocer a Pedro Almódovar en prácticamente toda su filmografía es la dignidad que otorga a los personajes secundarios de sus películas. Incluso alguno de sus detractores lo destacan. Actrices como Chus Lampreave, María Barranco o Loles León han interpretado papeles que a menudo brillaban más que los principales. Incluso, en más de una ocasión, salvaban escenas que hubiesen desmerecido si no fuera por esos diálogos dichos con tanta gracia y solvencia.

Para los que no siempre hemos podido ser los protagonistas, ni siquiera de nuestra propia historia, es gratificante que aun siendo secundarios podamos brillar de vez en cuando, a pesar de que otros quieran apagar nuestra luz.

Querer ser siempre los protagonistas de la película resulta agotador para los que carecemos del suficiente egocentrismo o narcisimo que se necesita para ello, por esta razón nos contentamos con tener nuestra pequeña escena donde nos luzcamos lo justo para ser recordados como buenos actores. De hecho, las personas que conozco que desean robar plano continuamente acaban siendo unos pobres desgraciados que, con tal de erigirse como centro absoluto de atención, son capaces de todo, incluso de convertirse en patéticos y ridículos seres de vodeviles grotescos.

He crecido cerca de alguno de estos infelices protagonistas que sufrían siempre que no conseguían la atención solicitada, por ese motivo me quedé en secundaria que, aunque no es un papel tan lucido como el principal, me ha parecido la mayoría de las veces más digno y honesto.

sábado, 23 de octubre de 2010

Sobre cómo me convertí en un paria...




He esperado un tiempo antes de escribir sobre este tema. Quería encontrar una perspectiva algo menos personal -no creo haberlo conseguido, es lo que tiene ser un desgraciado adicto-.


Para empezar, me estoy encendiendo el último pitillo del día (por si acaso mañana no puedo). No sé en qué momento pasé de ser una fumadora simpática a una enferma estigmatizada y perseguida. Jamás pensé que mi ejemplo pudiera corromper tanto a mis congéneres -¡ojalá pudiera también influir a mis semejantes con otras adicciones que tengo, como mi empeño en defender la tolerancia y el respeto!-. Nunca me pareció justo molestar al prójimo con mis humos y, por este motivo, acepté con deportividad la ley antitabaco del 2006; sin embargo, asomándome a este mundo con tantas heridas de muerte y lacras sin resolver, he comenzado a indignarme por el recrudecimento de esta ley que me convertirá en un ciudadano indeseable.


Yo no quiero dañar a los demás. Asumo que no es bueno fumar e intento que este vicio no se apodere por completo de mí; no obstante, creo que siendo factible que los fumadores podamos tener algunos espacios acondicionados o, en su defecto, el aire libre -aunque ya no es tan libre para nosotros-, no me parece justo el castigo al que papá-Estado nos somete.


Pensándolo bien, no es tan extraño lo que está sucediendo: a lo largo de la Historia siempre se ha perseguido a minorías que, en ciertas épocas, se convirtieron en masacres: a los cátaros en la Edad Media, a los judíos en la Alemania nazi, a los sospechosos de brujería por la Inquisición, a lo científicos que dudaban de las verdades establecidas,...


En fin, tal vez nuestra cruzada no es tan digna pero, desde este blog reivindico mi derecho a no ser considerada una incívica por el simple hecho de fumar o una indeseable que no respeta a los demás (hasta me llevo mi cenicero-cucurucho a la playa para no ensuciar).


Ya sé que fumar mata aunque, pensándolo bien, la propia vida mata y hay muchos agentes nocivos que nos arrastran sin piedad al insondable abismo al que todos llegaremos, fumando o respirando los humos que expelen millones de automóviles por sus tubos de escape -por cierto, aunque yo no tengo coche no se me ha ocurrido prohibir a otros que los usen aunque existan transportes públicos-...

martes, 12 de octubre de 2010

Mi viejo equipo de música


Decir adiós siempre es difícil. El sentimiento del apego es algo muy común y tan corriente como el del rechazo, aunque al primero casi siempre lo identificamos con algo positivo. Sin embargo, a menudo este sentimiento nos paraliza y nos ancla en el pasado impidiéndonos avanzar. Todos necesitamos sentirnos parte de algo y rodearnos de lo nuestro, creemos que sin raíces no podemos crecer, pero no somos árboles y el movimiento de la vida nos lleva por nuevas tierras donde nuestro equipaje vital puede llegar a convertirse en un lastre difícil de cargar. Y es entonces cuando hay que desprenderse.

Desde pequeña me costó separarme de lo mío, podía tratarse de un amigo que se cambiaba de colegio, de una mascota que se había muerto o de un juguete viejo. Me encariño muy rápido con todo, incluso con los objetos: aún me pongo triste recordando el día en que nos cambiamos de coche y me sentía una traidora porque el "Seat Ibiza" viejo nos conducía al concesionario donde esperaba su flamante sustituto. Otra vez, con doce años lloré desconsoladamente cuando se me voló un abanico por la ventanilla de un coche -aún más viejo que el Ibiza- y cuando mi madre me preguntaba por qué lloraba sólo supe responder que era porque le estaba agradecida por lo que me había ayudado a soportar el calor del viaje...

En fin, ya sé que parece enfermizo pero, en la actualidad y después de combatir esta especie de síndrome de Diógenes, puedo manifestar que de vez en cuando -muy de vez en cuando- me da por hacer limpieza de cosas que se han convertido en trastos inútiles y, hoy, le ha tocado a mi vieja cadena de música. La compré a principios de los noventa con mucho esfuerzo, ahorrando con mis primeros y escasos sueldos,peseta a peseta, hasta las 50.000 que costaba. Mañana me acercaré a un punto de reciclaje y le diré adiós: adiós a aquella ilusión que tuve cuando conseguí oír mi música en mi habitación sin las críticas de la familia, cuando podía grabar canciones de la radio y crear cassetes de música variada para las fiestas, cuando...¡Bueno, ya basta! ¡Que comenzaré otra vez a ponerme nostágica y, a lo mejor, me arrepiento! No, mañana le diré adiós agradeciéndole todos esos buenos momentos y la dejaré marchar para que descanse en paz : R.I.P.

domingo, 3 de octubre de 2010

La terraza del tío de Andrés



No hay nada mejor que reunirse con los amigos una noche de viernes en torno a un exquisito arroz caldoso y desternillarse de risa con cualquier ocurrencia que se nos pase por la cabeza. Ayer, la urogalla Leles y su "consorte" Francis acogieron a una desestresada Mary, a una urraca zamorana y a esta bloggera perezosa para deleitarnos con su buena mesa y su buena compañía. Hace bastante tiempo que no escribo porque he estado muy ocupada con otros menesteres, algunos mejores que otros pero que, al fin y al cabo, me alejaban de esta faceta que tanto me ha aportado en tiempos difíciles. Y no es que mis momentos asmáticos hayan desaparecido sino que, eso sí, parecen más controlables, lo que me permite desarrollar una vida social más saneada.


Realmente, ya hace años que me siento más protagonista de una película de arte y ensayo que de una de acción. Cada vez me veo más instalada en la terraza de Iturrioz, el tío de Andrés Hurtado, el joven médico de la novela de Baroja El árbol de la ciencia. Tenía apenas diecisiete años cuando en el instituto nos hicieron leer esta gran obra y, como sólo ocurre con los clásicos, una chica de finales del XX se sintió tan identificada con los ideales frustrados del protagonista que jamás olvidará el regusto amargo que le dejó su triste desenlace.


Sin embargo, el paso de los años y las experiencias vividas me van acercando cada vez más al personaje secundario que simbolizaba al que se aísla de un mundo sin salvación y, mientras toma la merienda, se dedica a observarlo todo desde la altura de su terraza desde donde analiza la rutina de los que pasean sus miserias por las calles de la vida.


sábado, 18 de septiembre de 2010

El junco




En una entrevista a Elena Ochoa, la conocida psicóloga y sexóloga mediática comentaba que guardaba un consejo materno muy valioso que me conmovió: "Ponte derecha cuanto más te tuerza la vida". Me pareció un verdadero grito de supervivencia que un ser humano debería recordar cada vez que la vida nos convierte en seres indefensos.


Nos pasamos los años buscando la piedra filosofal que nos conduzca a la soñada felicidad o, por lo menos, a un modesto equilibrio emocional que nos reconcilie con el devenir de los días y sus contratiempos; sin embargo, muchas veces nos sentimos funambulistas a punto de caer al vacío y sin una red que nos proteja.


Tomamos de aquí y de allá ideas que nos permitan sostenernos y bebemos de todas las fuentes posibles. A veces encontramos una canción ("I will survive"), un poema ("tú no puedes volver atrás/ porque la vida ya te empuja/..."), un abrazo (el de tu mejor amigo), en fin, cualquier truco que nos vuelva a mantener derechos en la cuerda.


Y no está de más recordar que aunque el junco se doble "siempre sigue en pie" -aunque con achaques de lumbago...-.

lunes, 30 de agosto de 2010

Reivindicación de lo artificial




Hace tiempo que me di cuenta de que lo natural está sobrevalorado mientras que lo artificial se ha ido revistiendo de injustificados tintes peyorativos. Tal vez esto sea debido al auge del pensamiento ecologista que se ha extendido por el mundo occidental durante estas últimas décadas. La naturaleza se ha convertido en una víctima de los abusos tecnológicos de un nuevo mundo que no sabe digerir tanta inventiva humana. Y a pesar de que soy una defensora de esta madre de todos -bloggeros inclusive- jamás caería en la trampa tan habitual de considerar que todo lo que nos ofrece la naturaleza es bueno, no olvidemos que no hay nada tan natural como el veneno de una víbora o el mordisco de un tiburón blanco...


Así que en esta entrada he querido reivindicar el valor de lo artificial, entendiendo como tal a todo aquello que es creación de una mente humana que ha trascendido su natural condición para acercarse al mundo de las ideas platónico, ejercitando así un talento que se nutre de lo aprendido, no solamente de lo que nos dio la madre naturaleza en el momento de nuestro nacimiento. No tiene ningún mérito ser guapo ni inteligente, este tipo de características nos vienen de "fábrica", lo que realmente es meritorio es todo lo que creamos a partir del conocimiento recopilado por las generaciones anteriores a la nuestra para, si estamos inspirados, ir un paso más allá.


Por este motivo he querido destacar a este nuevo personaje de la farándula musical, a la inefable "Lady Gaga", venerada por unos y criticada por otros. Reconozco que algunas de sus excentricidades me parecen de un feísmo exagerado, sin embargo me fascina la osadía que exhibe en su vida profesional y la creatividad que muestra en su música y actuaciones. Mi amigo Xesco me comentaba esta tarde, ante unas cervezas, que el equipo de asesores de esta estrella del "dance" actual deben documentarse en las vanguardias de hace un siglo: desde el surrealismo al cubismo pasando por el dadaísmo...



Lo triste es que a veces parece que ya todo esté inventado y una de las críticas más frecuentes que recibe esta artista es que copia a otros; no obstante, creo que su originalidad radica precisamente en la nueva visión que consigue mezclando todas sus influencias y fuentes con el fin de elaborar su particular mundo. Ella no es especialmente bella ni espectacular y, aunque tiene una buena voz, probablemente no hubiera triunfado sin utilizar su inteligencia creativa y una gran dosis de artificialidad que suple ciertos atributos naturales que algunos cantantes tienen de nacimiento.


"Artificial" deriva de la palabra primitiva "arte" y sin el arte la inteligencia humana sólo destacaría sobre el resto de las especies por su crueldad extrema -y volvemos al rollo de la ecología y a la defensa del planeta y bla, bla, bla...-.