sábado, 25 de junio de 2016

Admirado Javier Marías


Admirado Javier Marías:

A menudo leo tus artículos de opinión en el suplemento dominical de El País y me pareces un gran escritor y articulista. Como amante de la literatura he seguido tu carrera y reconozco que tienes una sensibilidad y un talento excepcional para captar la naturaleza del ser humano y, aunque soy consciente de que el genio y la ética no tienen por qué ir siempre de la mano, me he reconocido en tu sentido crítico sobre diferentes aspectos de la vida en numerosas ocasiones. Sin embargo, me atrevo a escribirte para ofrecerte mi humilde opinión sobre dos asuntos en los que me pareces errado -disculpa de antemano la osadía de uno de tantos sujetos anónimos que pululan por estos caminos de la vida-. 
   Antes de empezar creo conveniente ponerte en antecedentes: tus artículos me los recorta una sabia mujer con la que coincido en un parque mientras paseo a mi perro por las tardes; allí se nos pasa el tiempo hablando de nuestras mascotas, de nuestros achaques de salud, de nuestras dificultades para llegar a fin de mes, en fin, de todo lo que las personas de mi condición social hablamos cuando otros oídos tienen a bien escucharnos. Y, a pesar de que nuestro barrio es de los que llaman de clase proletaria, también tenemos conversaciones sobre libros, cine y demás manifestaciones culturales mientras tiramos la pelota a nuestros perros. No nos sentimos ni especiales ni privilegiados -pues no lo somos- pero luchamos por mantener nuestra dignidad lo más entera posible a pesar de padecer las consecuencias de esta estafa ( mal llamada crisis) que nos ha sacudido tan duramente. Y, sabes, una de las cosas que más nos ha ayudado a "tirar pa'lante" ha sido la sincera lealtad de nuestros amigos de cuatro patas que no nos han abandonado cuando algunos humanos nos daban la espalda (como tan bien reflejabas en tu estupendo artículo Las amistades desaparecidas), por eso no te extrañe que intentemos reivindicar que tengan derechos aunque ellos no sepan ni lo que son, como muy bien dices. Este planeta no pertenece solamente a la especie humana y, por este motivo, la hegemonía que nos proporciona nuestra inteligencia superior debería estar enfocada a salvaguardar, siempre que sea posible, a los más débiles sean de nuestra especie o de otra que sufra maltrato. Es por esta razón por la que apoyo a Podemos, no porque me hayan captado cual secta destructiva sino porque creo que son personas cuya ética la demuestran en sus gestos más simples. No considero a Pablo Iglesias mi gurú ni deseo que sea mi salvador, sólo espero que aporte una mayor decencia a la vida política de nuestro país, tan maltrecha por cierto. No se me escapa que el apelativo "podemita" tiene connotaciones sectarias; hace tiempo que en esta campaña de demonización, a la que nos someten a militantes y simpatizantes de Podemos, se nos insulta y desprecia, pero esperaba, sinceramente, otra altura de miras por tu parte. Muchos "podemitas" lo éramos antes de que apareciera "el Coletas" y los suyos, sencillamente no teníamos representación política al uso. Nos emocionamos al sentirnos identificados con unas ideas y, lo que me parece más importante, con unos principios éticos en los que se lucha por los derechos más fundamentales de las personas. 
Siempre he huido de fanatismos y no soy en absoluto idólatra, me da grima cualquier manifestación de intolerancia o supremacía sea de origen religioso, nacionalista o, incluso, deportivo; ni Pablo, ni Carolina, ni Manuela,...ni yo somos perfectos ni estamos en posesión de la verdad, simplemente creemos que se pueden hacer mejor las cosas, con justicia y honestidad. 
Y, para demostrarte que no somos sectarios, quiero que sepas que sigues siendo uno de mis escritores más admirados y te agradezco los buenos ratos que he pasado sumergida entre las páginas de tus libros.
Gracias y saludos de una "podemita" con perro.



lunes, 10 de agosto de 2015

No soy independentista...

   No soy independentista, en primer lugar, porque no me gusta que me obliguen a explicar las razones por las que no lo soy, pero como estoy ya cansada de que en cualquier reunión de amigos tenga que esgrimir mis argumentos, ahí van unos cuantos:
   Hace apenas unos años yo vivía en un lugar donde no era necesario justificarse ni defenderse de ataques injustos por no ser nacionalista. Yo respetaba y era respetada por ser una persona que defendía principios como los de la tolerancia y la solidaridad; pues bien, un buen día resulta que amanezco siendo una "españolista" para  unos, otros me tachan de "unionista" y los más fanáticos e ignorantes se atreven a llamarme"facha", lo que me parece doblemente ofensivo porque los que me acusan demuestran serlo al no aceptar mi posicionamiento en una lucha ideológica que ellos mismos han propiciado; y, en segundo lugar, que mi familia haya sido víctima de una sociedad fascista convierte en una mayor afrenta que algunos me insulten de este modo por la simple razón de que considere que prefiero cambiar las cosas en toda España no solamente en Cataluña. Es muy simple de entender: para mí ser de izquierdas significa, fundamentalmente, ser solidario con los que sufren desigualdad e injusticias, por lo tanto, prefiero que mi voto sirva para luchar contra los que atropellan los derechos humanos y que influya en el ámbito más vasto posible. Las revoluciones siempre son más eficaces si afectan a un espectro más amplio de personas...
   No soy independentista porque no me gustaría que mi madre se sintiera extranjera en su hogar. Para los inmigrantes que, víctimas de un franquismo que condenaba a los vencidos a la muerte o a la  pobreza, buscaron una salida en otro lugar donde no fueran señalados y llegaron a tierras catalanas, no es justo que tengan que renunciar a su nacionalidad, por desgracia ya sufrieron demasiadas pérdidas...
   No soy independentista porque los argumentos que utilizan para convencerme de que Cataluña no debe pertenecer al estado español son decimonónicos y, por lo tanto, retrógrados: el victimismo de "España nos roba"y la supremacía que refleja el enunciado "Los catalanes somos diferentes". El primero es una falacia pues a mí no me roban todos los españoles, los que esquilman mis derechos son los gobernantes, españoles y catalanes, que aplican unas leyes anquilosadas y que se aprovechan de sus cargos para diversas prebendas y corruptelas. En cuanto a lo diferentes que somos los catalanes, no implica otra cosa que una idea de superioridad respecto al resto del territorio español; nadie que diga que es diferente lo hace porque se crea peor sino todo lo contrario. Si bien es cierto que la idiosincrasia de los pueblos reúne ciertas características o tópicos que los definen, la verdad es que todos somos diferentes y, seguramente, un barcelonés tiene más cosas en común con un madrileño o con un londinense que con un catalán de Olot, simplemente por su estilo de vida.
   No soy independentista porque no considero que una de mis lenguas tenga que tener una consideración superior a la otra. Los que nos sentimos bilingües no aceptamos la diglosia que ha creado el plan de normalización lingüística desarrollado en estas tres últimas décadas en Cataluña. Tras la Dictadura, el catalán debía ser fomentado para que se convirtiera en una lengua oficial con los mismos atributos que el castellano había ostentado y tenía que dotarse de todos los derechos que los hablantes de esta lengua habían visto pisoteados por los años de opresión. Era liberador y los catalanes nos sentimos embriagados por un deseo de justicia lingüística que nos condujo a olvidar que se puede restituir los derechos de unos sin marginar los de otros; así que, de repente, el castellano se redujo a niveles de lengua extranjera en las escuelas y en gran parte de las administraciones públicas autonómicas. Un día me enteré de que se penalizaba a los comercios que rotulaban en castellano y me percaté de que el espíritu de revancha se asentaba entre los que trabajaban por los derechos del catalán. Se identificaba una lengua con una dictadura sin tener en cuenta que gran parte de los que hablaban en castellano habían sido tan víctimas del franquismo como los que hablaban en catalán -supongo que sabéis cómo acabó García Lorca y tantos otros-. Otra muestra del victimismo catalán que anteriormente destacaba: las víctimas de la Dictadura no hablaban solamente catalán...
   No soy independentista porque mi identidad catalana no depende de unas fronteras en un mapa y, por suerte, gran parte de mi existencia se ha desarrollado en una sociedad democrática donde mis derechos como catalana han sido respetados y desarrollados con total libertad...
   No soy independentista porque los nacionalistas extremistas españoles que en estos últimos años han fomentado un odio irracional hacia todo lo catalán no han conseguido afectarme hasta el punto de odiar todo lo que huela a España...
   No soy independentista porque no he dejado que los nacionalistas catalanes me convenzan de lo que me odian en el resto del estado español por el simple hecho de ser catalana... 
   No soy independentista porque no puedo ver TV3 sin avergonzarme de la manipulación que una televisión pública puede realizar con los medios que pagamos todos los catalanes, Si de verdad fuéramos más sensatos y democráticos no haríamos lo mismo que ha hecho Cospedal en la televisión de Castilla-La Mancha o Aguirre en Telemadrid....
   No soy independentista porque algunos amigos que lo son están empezando a evitar hablar del tema conmigo pues tienen verdaderos problemas para aceptar otros argumentos que no sean los suyos y se sienten incómodos si alguien los critica, de modo que han surgido temas tabús donde no existían y eso nunca es buena señal...
   Podría seguir con un arsenal de razones, no obstante, terminaré diciendo que no quiero un nuevo país que lleve en su germen este espíritu de revancha que no distingue lo español de lo fascista y en el que los que se postulan por la independencia no respeten algo tan elemental como los principios democráticos y los manipulen a su antojo convirtiendo unas elecciones autonómicas en un "pseudoplebiscito" donde no cuenten los votos sino los diputados y despojen de valor el voto de un catalán del área metropolitana mientras favorecen el de un pequeño pueblo de las montañas. 
    La historia ha sido muchas veces injusta con Cataluña pero el hecho de haber sufrido numerosas injusticias no nos da el derecho a infligirlas a los demás. Estamos en el siglo XXI y los seres humanos no deberíamos repetir los mismos errores del pasado si queremos vivir en sociedades más justas y libres.



viernes, 24 de abril de 2015

Te recuerdo, Víctor Jara

Eran los años setenta cuando una niña al otro lado del Atlántico escuchaba tus canciones. Su hermano mayor ponía los discos y ella se aprendía tus temas de amor y de lucha, de gentes sencillas, de obreros que salen de las fábricas y buscan entre la lluvia los ojos de Amanda. De este modo, esa niña que tarareaba los éxitos de la época más discotequeros y las canciones de los payasos de la tele se emocionaba con tus himnos de libertad -"Si yo tuviera un martillo golpearía en la mañana,.."- o sentía las calles mojadas de sentimientos -"Te recuerdo, Amanda,..."-, en fin, recogía las notas y los acordes de tu guitarra huérfana. 
Le contaron que la voz de ese hombre que tanto le gustaba había sido silenciada por otros hombres, que lo habían detenido y conducido a un estadio de fútbol, que lo habían torturado amputándole aquellas manos suaves pero comprometidas y que murió desangrado por las heridas. En su mente infantil se abrió una conciencia que por más que crecía no la abandonó y, hoy, se sienta ante el televisor y se entera de que uno de los verdugos de Víctor Jara iba a ser juzgado por su crimen. La lástima es que Pinochet y la mayoría de sus secuaces murieran tranquilos en sus casas sin que los asesinatos que cometieron fuesen juzgados. Pero lo que ni la maldad pasada ni la del presente pueden silenciar son las palabras y las melodías que un día creó un hombre bueno y que sobrevuelan océanos, estaciones y días para que una niña las cante.

martes, 10 de febrero de 2015

Falciani, el Halcón Milenario

Tal vez sea un temerario, un hombre de principios, un traidor o un héroe del siglo XXI, lo cierto es que ha conseguido que algunos poderosos corruptos y avariciosos se hayan puesto nerviosos -lo justo para que se les indigeste un poco el "desayuno con diamantes"-. 
¿En qué momento un informático con un buen sueldo y una vida acomodada decide dar un paso que lo convierte en un objetivo para el punto de mira de personas muy peligrosas? 
No debe de ser fácil sentirse en la cuerda floja y odiado por narcotraficantes, mafiosos y millonarios que se creían decentes "suizos" de adopción.
La bucólica y civilizada Suiza esconde bajo la alfombra tanta porquería que es irresistible cambiar su diptongo a "Sucia". Lo que es un modelo de democracia y de estado del bienestar para sus habitantes se revela como un lugar en el que se esconden todas las miserias humanas.
En una entrevista reciente, Falciani aseguraba que con todo lo que han evadido las grandes fortunas españolas ( en su mayoría personas que hacían gala de un elevado sentimiento patriótico) se podría pagar la deuda externa del país, por lo que no se habría tenido que desmantelar el estado del bienestar que se había conseguido hasta el momento. 
Ahora pienso en todo el sufrimiento de tantas personas que en la única lista en la que aparecen es en la del paro, en tantas familias desahuciadas, en los que han dejado atrás lo que quieren para emigrar en busca de nuevas oportunidades, en los que han llegado al suicidio por no poder combatir la crueldad de esta crisis orquestada para enriquecer,  perdón por la redundancia, a los ricos, en fin, ¿en serio alguien duda de que lo que ocurre puede ser denominado "terrorismo económico" sin temor a exagerar?
¿Por qué no existirán más "Falcianis" que combatan desde sus naves espaciales a la superpoderosa Estrella de la Muerte ?
¡Que la fuerza te acompañe!


viernes, 12 de diciembre de 2014

La quita

Tras un ERE, te quedas en paro y te dicen que no te pueden pagar ni la indemnización ni las nóminas que no te abonaron mientras trabajabas. Peregrinas por despachos de abogados y por la Ciudad de la Justicia por si te pueden devolver lo que te han robado (dejando aparte que el sufrimiento que te acarrea una situación así no tiene precio). 
Un buen día aparece un fondo de inversión buitre que se ofrece a comprar el edificio donde se ubicaba el colegio en el que habías trabajado a cambio de una quita de la deuda que nos tendrían que abonar. Es eso o nada y, encima, tienes que estar agradecido. Dejas la dignidad a un lado porque si no aceptas lo pierdes todo y, además, te dicen que si alguno de los trabajadores se niegan no cobra nadie. Miras los números rojos de tu cuenta corriente y piensas en lo tranquila que te quedarás cuando puedas devolver el dinero que te dejaron algunos buenos amigos cuando no cobrabas tu sueldo; te decides a firmar y renuncias a un dinero que sería básico para volver a empezar de cero en este mundo salpicado de crisis y de paro.

Luego llegas a casa y en la televisión se habla de una posible demanda de quita en la deuda del país. Algunos contertulios se llevan las manos a la cabeza al oír las propuestas de partidos como PODEMOS y yo no entiendo nada: ¿por qué es tan razonable que no se me devuelva un dinero ganado con honestidad y duramente y, en cambio, los españoles tenemos que pagar un dinero que han gestionado mal unos sujetos corruptos?
A lo mejor a los acreedores se les tendría que decir lo mismo que a mí: "Más vale eso que nada"

lunes, 3 de noviembre de 2014

La revolución de PODEMOS

   La primavera de ese año hizo florecer la indignación. Las plazas de muchas ciudades y de pueblos se llenaron de gente que quería una democracia real. Era una convocatoria espontánea provocada por tantas injusticias que el gobierno del Estado estaba  propiciando con una serie de medidas que sufría el pueblo llano, mientras que los causantes de la bancarrota del país se iban de rositas. Personas de diferente condición, edad y procedencia tomaban un altavoz para clamar contra tanta injusticia. Sin embargo, algo cojeaba en las entrañas de este movimiento: no existía un más allá de las plazas. 
   Han tenido que pasar unos años para que la semilla que se plantó germinara en un fenómeno político que ha hecho temblar los cimientos de una "casta" que siente como se resquebraja un sistema corrompido por la idiosincrasia de unos sujetos que dejaron de representar al pueblo para preocuparse tan solo de aumentar sus ingresos económicos.
   La política es una profesión honorable y vocacional, y exige una gran dosis de honestidad y valentía. No sé si los candidatos de PODEMOS darán la talla para dirigir un país, pero lo que tengo claro es que unas personas que son capaces de renunciar a una importante parte de su sueldo por conseguir sus objetivos son políticos vocacionales, y esto ya me infunde confianza en ellos. Por otra parte es difícil que lo hagan peor que los que están en los organismos oficiales.
   También me gustaría recalcar que gracias a la aparición de PODEMOS se ha canalizado la ira de un pueblo de un modo pacífico y ordenado que ha impedido que se desate la rabia de una forma violenta,
Somos un pueblo que ha crecido en un estado del bienestar y que , en general, está formado e informado y tal vez esa sea la causa de que no hayamos salido a la calle con violencia, pero, por esa misma razón, hoy nos sentimos identificados con la propuesta de unas personas que podrían ser nuestros vecinos de rellano. Son gente preparada y honesta, que no quieren enriquecerse con la política y que buscan una salida de este pozo de podredumbre en el que nos ha sumido la"casta".
   ¡Buena suerte y fuerza, chicos! Sabemos que no os va a ser fácil y que vais a recibir por todos los lados, pero no perdáis el ánimo y sujetad con determinación el timón de este barco que se hunde por momentos.
   ¡Ah, y gracias por devolverme la fe en que los milagros políticos pueden materializarse!

jueves, 2 de octubre de 2014

¡Hola, soy tu independencia!

Tal vez mañana alguien llamará a mi puerta para convencerme de que el 9N tengo que votar para decidir si quiero que Cataluña se independice de España. Es una nueva ofensiva de un movimiento que se contagia más rápido que el Ébola y sólo espero que no destruya la buena convivencia que desde la instauración de la democracia ha habido en mi tierra. 


Si no fuera por mi intrínseca alergia a todo lo relacionado con las ideologías nacionalistas de cualquier cariz, casi me convencerían de que la felicidad absoluta se conseguirá en una Cataluña separada de España. Los leo, los oigo, los veo y envidio esa exultante emoción de los que se sienten protagonistas de la Historia, de los que piensan que están escribiendo los renglones de un mundo nuevo y mejor.

Pero no me los puedo creer porque su mensaje crea división y yo prefiero multiplicar; porque he visto a personas que considero inteligentes confundiendo a España y a los que no piensan como ellos con el PP; porque en un contexto de crisis económica la población suele ser manipulada por adalides de la patria que prometen soluciones a cambio de cantar himnos; porque me obligan a escoger entre dos músicas cuando la banda sonora de mi vida ha cantado las dos; porque nunca he creído que un ser humano sea mejor por ser de un color o de una bandera concreta; porque miro al pasado y veo demasiada sangre derramada por conflictos religiosos y nacionalistas; porque la lengua y las tradiciones catalanas nunca han sido tan reconocidas y respetadas como actualmente; en fin, termino esta extensa enumeración para no aburrir demasiado, escandalizada por el ingente presupuesto que han previsto los organismos vinculados al independentismo mientras muchos catalanes pasan necesidades más vitales que la de cambiar los atlas políticos -siempre he pensado que no se hacen reformas en casa si no hay pan-.

Si vienen a mi casa haré lo mismo que con los "Testigos de Jehová": despacharles educadamente y esperar que no se lo tomen mal, ya que en democracia no se recurre a métodos tan invasivos para conseguir votos.

miércoles, 16 de julio de 2014

Todos con Carlos y Carmen

Hoy el Tribunal Supremo ha permitido que la Reforma laboral del PP salga adelante con el despido libre durante el primer año de contrato entre sus presupuestos.. 
En la pantalla de televisión aparece una mujer que va a ser encarcelada por participar en un piquete en la huelga general que protestaba contra esta tropelía entre otras injusticias. Uno de sus compañeros, Carlos, ya está cumpliendo una pena de tres años por la misma razón. Carmen mira a la cámara y cita a un antiguo griego que criticaba a la recién nacida democracia aduciendo que era un gobierno de aristócratas votado por el pueblo... Carmen sonríe amargamente comprendiendo la triste vigencia de estas palabras. 
En un país donde grandes delincuentes, que han estafado, robado y conducido a personas a una ruina económica y emocional terrible, siguen saliendo de los tribunales de rositas y se permiten el lujo de denunciar a sus perseguidores -véase como ejemplo de semejante indignidad el caso Blesa y Elpidio Silva-, pues, como decía, en un país abandonado por la ciega justicia una mujer de 56 años, parada y con serios problemas para pagar la factura de la luz, se ve ante una sentencia ejemplarizante que la hará ingresar en la cárcel a finales de mes y abonar una multa de más de tres mil euros.
¿Estamos locos?
¡Ya está bien!
Estoy convencida que los que nos están mandando nos consideran idiotas . Y mientras, estas dos personas humildes y honestas viven en una sociedad donde es un delito ser bueno, valiente y pobre. 



jueves, 10 de julio de 2014

El toro Avenero

El toro Avenero sale junto a sus hermanos para llegar a la plaza donde lo matarán para celebrar unas fiestas ancestrales en una ciudad de España. Él no lo sabe pero el despliegue de medios informativos es espectacular. El animal se adelanta a sus compañeros y comienza a embestir a esos hombres que se sienten protagonistas de un momento único. Su instinto le está hablando: "esos que corren junto a él son sus enemigos y los de sus hermanos". Tiene que correr y ataca. Para unos es malo, para otros da espectáculo y dignidad a la carrera. Pero a él poco le importa, sólo sabe que tiene que defenderse y su bravura y coraje le conduce a sembrar el pánico.
Gracias a Dios no hay víctimas mortales, el único que morirá en la plaza va a ser él mismo pero luchará todo cuanto pueda para morir con dignidad.
Alguna persona desconocida lo verá en el telediario, se identificará con su lucha y escribirá esta entrada en su blog.

martes, 3 de junio de 2014

Disculpad,,,

Disculpad si me permito el lujo de convertir la injusticia en mi propio patrimonio. Entre los miles de millones de habitantes de este planeta seguramente que hay casos más flagrantes que el mío como ejemplo de injusticia. Nunca es consuelo eficaz lo que les pasa a los demás porque siempre nos duele más lo que nos toca de cerca, lo que nos hiere el alma mientras nuestro cuerpo deambula de un lugar a otro pidiendo una respuesta al dolor que sentimos. 
Esta mañana, cuando el despertador me ha anunciado que ya era la hora de maquillar mis penas y enfrentarme a personas que sienten que su vida es también importante, he querido regresar a la cama y no despertar. Tampoco se perdería gran cosa si no saliera a la calle pero sólo tengo esto, mi vida, y tengo que  defenderla mientras me quede un ápice de fuerza y un soplo de aire en mis pulmones.
Hace catorce años entré en un colegio para trabajar con la intención de transmitir algo de lo que había aprendido a unos alumnos que comenzaban a despertar de la infancia y a enfrentarse a las experiencias que la vida depara a un adulto. Hay pocas cosas que me gusten más que ver ese brillo en los ojos del que acaba de aprender algo que no sabía. Al cabo de pocos años los problemas económicos de esa escuela afectaron a nuestras nóminas hasta que nos vimos trabajando sin cobrar. Como podéis imaginar no resultaba fácil subir al autobús y marcar la tarjeta para entrar en un aula y enseñar a unos chicos que los esfuerzos siempre son recompensados. Aun así intenté acabar el curso aunque nos anunciaron que, además de no poder pagarnos nuestros sueldos, todo terminaría en un ERE por insolvencia, sin que nos pagaran las nóminas impagadas ni la indemnización por despido -por lo que las deudas que había contraído durante este período de tiempo quedarían sin saldar-. Humillación, ira, pena, incertidumbre, desesperación,... Enferma de tristeza intento que mis alumnos terminen el curso dignamente a pesar de todo. Lloro en el autobús, cuando voy y cuando regreso; lloro en mi despacho mientras recopilo mis libros y mis carpetas; lloro hasta cuando duermo, soñando; en fin, lloro cuando nadie me ve y cuando intento defender lo único que me queda: cierta dignidad trasnochada que se enfrenta a una realidad indigna.
Concierto una hora en la oficina de los desempleados, somos demasiados para que nadie repare en mí. Mi abogado me deja claro que no existe la justicia universal (por si no me había dado cuenta todavía) y que mis ex-jefes han elaborado un plan, respaldados por la nueva reforma laboral para declararse insolventes y no pagarnos lo que nos deben. Nos queda poca cosa más que aspirar a las migajas que nos adelantará el Fondo de Garantía Salarial que, por otra parte, está saturado por la actual crisis económica, así que nos toca esperar como mínimo un par de años si no pueden vender el edificio.
Mientras todo mi mundo se desmorona como un castillo de naipes, algunos allegados que parecían dignos de confianza se alejan, tal vez por miedo a ser salpicados por la maldición que me persigue o, quizás, exhaustos de tanta desgracia. Y yo sigo llorando perpleja ante tanto dolor. Miro la luna por si tiene respuestas y me observa silenciosa calibrando mi resistencia.
Recorro varias salas de juzgados pero no me dan respuestas. Me exigen más paciencia y conformismo -las cosas son así y debo ser realista-. Me arrebatan la poca esperanza que me queda y envejezco diez años entre las miserias del mundo. 
Hoy llego a casa y agoto lo que me queda de la botella de whisky que me regalaron en navidades los que ya no saben qué decirme para que recupere esa sonrisa que tanto les gustaba. Un empresa financiera de alto nivel ofrece comprar el edificio a cambio de que renunciemos a un 40 % de lo que nos queda después de intentar llegar a diversos tratos. En la sala solamente estoy yo, los demás trabajadores no han venido, y escucho las palabras de los letrados intentando entender cómo es posible que el ser humano Mayte se haya levantado esta mañana para pedir justicia en una ciudad donde se ha dado la espalda a los que sufren de verdad.
¡Disculpad que me haya enrollado tanto! Pero tengo pocas plataformas para hacerme oír...

miércoles, 21 de mayo de 2014

Pan y limones


Dejo la cama llena de pañuelos y  húmeda por la fiebre nocturna para sacar a mi perro y, además, aprovecho para comprar pan y limones. Ando lentamente y con la respiración vibrante por la acción de los virus que siempre me atacan cuando más débil estoy. Me gustaría que alguien me cuidara como cuando era una niña y mi madre me traía una bandeja de pan con  tomate y jamón cocido. Yo pedía cuentos y mi padre me los subía de la calle para que las horas de cama fueran menos aburridas.


 Pero hoy no hay cuentos porque mi vida se lee como una novela naturalista donde el determinismo me conduce a un final que apunta angustia y desolación. Sin embargo, a paso lento y trabajoso hoy puedo comprar pan y limones -incluso me traigo un tetra-brick de caldo para tomar algo calentito que reconforte mi cuerpo enfermo y mi alma abatida- y, sentada en un banco del parque, veo a mi pequeño perro jugar con sus amigos.
 Y sonrío... 

jueves, 17 de abril de 2014

Caldo de cultivo para la intransigencia

La cajera de un supermercado le preguntó a una de sus clientas habituales en qué idioma quería la revista que le mandan cada mes: ¿en catalán o en castellano?. La señora, de unos ochenta y pico años, le contestó que aunque le daba igual quizá le costaría menos leerla en castellano. Ante esta respuesta, una mujer que esperaba en la cola se puso como una fiera y llegó a faltarle al respeto sin que esa anciana pudiera comprender bien la situación ni defenderse.
Parece una anécdota sin apenas importancia, pero la cara de mi pobre madre cuando nos explicaba lo que le había sucedido era de tristeza, no entendía por qué la había atacado verbalmente esa otra señora. 
Llegó a los dieciséis años a Barcelona con un triste equipaje lleno de penas y de nostalgia por su Granada natal. Su familia tenía que empezar de cero fuera de su tierra por pertenecer al bando de los derrotados de una guerra que sumió a España en una larga y cruel dictadura. En Cataluña encontraron de todo, personas que los ayudaron y algún que otro que no aceptaba de buen grado a los inmigrantes y los trataba con desprecio. 
Cuando mi madre se casó con mi padre ya imaginó que esta ciudad sería la cuna de sus hijos y que en Montjuic descansarían los restos de sus padres, y quiso a esta tierra tanto como a la que la vio nacer.
Aprendió las costumbres catalanas a través de la familia de su marido y las convirtió en propias mezclándolas con total naturalidad con las de su Andalucía. En su negocio, una droguería- perfumería de Badalona, hablaba en catalán con las clientas que se dirigían a ella en esta lengua, incluso sin haber recibido ninguna clase, y apuntó a su hija pequeña para que aprendiera sardanas en su colegio cuando la democracia lo permitió. En el último partido de fútbol que enfrentó al Barça con el Granada no pudo saborear la victoria del segundo porque estaba apenada por la derrota del primero.
En fin, he querido escribir esta entrada porque refleja lo injusta que es la intransigencia y el peligro que conlleva juzgar sin conocer. Y no olvidemos que cuando restamos importancia a las pequeñas injusticias estamos abonando la tierra para otras más flagrantes y dolorosas...

sábado, 22 de marzo de 2014

Paso a paso

Paso a paso, en la calzada de los que ya solo pueden caminar, se han acercado a la gran ciudad y ya saben que tienen pocas cosas que perder. 
La lluvia que moja a los caminantes limpia la palabra "dignidad" que se ha ensuciado de tanto mal uso y abuso. Para algunas personas debería estar prohibido pronunciarla, solo los que ya no tenemos nada podemos llenarnos la boca y el alma de dignidad. 
Mientras las huellas de los que marchan se pierden entre los que van detrás de la gran nube de polvo hecha de miserias e injusticias, yo busco el sendero de mi maltrecha dignidad que se levanta cuando caigo y tiende su mano para que no me quede en el suelo derrotada.
Y ella está a mi lado y cerca de todos los que sufren. La dignidad es patrimonio de los que pierden en esta ruleta cínica de la vida.
Por eso podemos gritarla y defenderla ante los que pretenden escupir sus letras y mancillar su esencia.

miércoles, 8 de enero de 2014

¡Hola!...¿Justicia?...¿Hay alguien?...

Hoy he estado en un juzgado. Ni he visto al juez, para él apenas represento unos cuantos dígitos de un DNI. Mi abogada intentaba lograr una sentencia justa que compensara los más de dos años (y lo que me queda) de tortura. Trabajando muchos meses sin cobrar; noches de insomnio por no poder pagar facturas; daño emocional por la pérdida de un trabajo que forma parte de mi identidad como persona -es lo que tiene ser profesora vocacional-; dolor al ver a los que te quieren sufrir por ti; la agonía que supone contraer deudas económicas para una persona honesta que ya padecía si un amigo le pagaba el autobús porque se había olvidado la tarjeta; la incertidumbre de qué va a ser de ti y de tu futuro profesional con la coyuntura actual; en definitiva, ¿qué precio tienen todas mis lágrimas derramadas por una injusticia como la que estoy viviendo? Pues es doloroso reconocerlo,¡ pero valen una P. M.! Y encima, como mis exjefes se declaran insolventes, aunque tienen la propiedad del colegio para vender, pues he regresado a mi casa tal y como he salido: con los bolsillos vacíos de dinero y, además, sin ilusión por seguir viviendo en un mundo tan injusto. Para mí el suicidio no es una opción porque no soportaría hacer daño a los que me quieren, pero cada vez comprendo más a los que, desesperados, toman esta decisión drástica. 
Y, claro, no soy una infanta con un padre con influencias. Ni siquiera he cometido ningún delito, o sí, tal vez mi gran crimen haya sido nacer anónima, ser un número de ocho dígitos y una letra, y la pena impuesta por la ley sea la de ser tratada injustamente aunque jamás haya estafado, ni herido, ni matado.

domingo, 15 de diciembre de 2013

"Una piedra en el camino...

...me enseñó que mi destino era rodar y rodar..."
Llevo mucho tiempo encontrando piedras en mi camino. La rodilla derecha me empieza a fallar de tanto saltarlas porque no siempre puede uno esquivarlas.
La intemporalidad de la música me ha llevado a identificar mi pasado reciente y mi presente con esta ranchera que, afortunadamente, termina con ese grito de fuerza y de dignidad: "...pero sigo siendo el rey". Y, aunque soy republicana de cuna y "no tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda", me adhiero a esa afirmación monárquica mientras siga encontrando piedras y más piedras en mi camino. La última, por cierto, la tengo dentro, concretamente en mi riñón y su expulsión está resultando muy dolorosa.


 Sin embargo, como dijo aquel arriero "no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar".
¡Viva la sabiduría popular!

lunes, 2 de diciembre de 2013

¡Bienvenidos al fantástico reino de los verdugos!

¡Pasen y vean!
¡Señores y señoras! ¡Niños y niñas! ¡Trabajadores y parados! ¡ Víctimas y verdugos!:

¡Bienvenidos al fantástico circo del Absurdo, donde los que lo hacen bien pierden y los que joden al prójimo obtienen fabulosos premios o, en su defecto, una palmadita en la espalda para animarlos a que no dejen de intentarlo!
¡Es el Reino del Disparate!
¡Pasen y vean!
¡No podrán dejar de sorprenderse! ¡Cuando piensen que no puede haber mayores injusticias, uno de nuestros monstruos les volverá a dejar con la boca abierta!
¡Aquél que mate a tres niñas después de violarlas podrá salir en libertad como si solo se lo hubiera hecho a una! ¡ Que más da! ¡El crimen está de rebajas! ¡Unos cuantos burócratas que han hecho pésimamente su trabajo lo han decidido así!
¡No dejen de disfrutar de este bochornoso espectáculo!
¡Aquí las víctimas tienen menos derechos que sus verdugos! ¡Los que delinquen, estafan, roban y matan son tratados con más consideración que los que intentan seguir el camino, cada vez menos transitado, de la honestidad y de la bondad!
¡Dejen su perplejidad en el sofá de sus casas y asistan al derrumbe de todo lo que una civilización avanzada y sabia hubiera podido construir!
No sé si las quince toneladas que recogió el Banco de Alimentos podrán devorar todo el cinismo que impregna esta entrada porque, aunque como muchos ciudadanos colaboré en la medida de mis posibilidades, me sigue pareciendo injusto que el gobierno de un país que se considera civilizado deje desamparados a tantos ciudadanos que tienen hambre de pan y de justicia.
¡Pero PASEN Y VEAN! ¡No den la espalda a tanta injusticia!

viernes, 18 de octubre de 2013

El orgullo del cobarde

   El miedo es tan humano como el respirar, aunque, a veces, precisamente ese miedo te cierre los pulmones y sientas que el globo de la vida se desinfla y se te escapa de las manos.
   Cualquiera de los que leéis estas palabras lo habréis experimentado más de una vez, de hecho dicen que el primer llanto de un recién nacido se debe a esta emoción que nos asalta ante lo imprevisto y ya, desde ese preciso momento, tenemos que empezar a superarlo para poder saborear todo lo que nos traerán los días que nos esperan.
   De algún modo, este miedo se puede convertir en algo positivo si lo llamamos prudencia y si nos impide cometer cualquier tontería que no evitaríamos si no nos paralizara; aunque también nos puede convertir en seres cobardes que no se atreven a despertar de su letargo de espanto.
   Sin duda, después de todas mis experiencias de terror ante los cambios y los imprevistos, solamente puedo decir que lo mejor del miedo es que, paradójicamente, te puede hacer valiente; tampoco queda otra: o te enfrentas a él o te sumes en una cobardía peligrosa para ti y para quienes te rodean. Por desgracia, creo que el factor´determinante para que una persona cualquiera, incluso con buen fondo, se convierta en un ser mezquino, capaz de la mayor de las ruindades, es ese miedo que no le permite enfrentarse a sus propios actos y reconocer sus errores.
   No es necesario sufrir los avatares de una guerra para descubrir que la persona más bondadosa es capaz de la peor de las miserias a causa del miedo. Se podría comprender ante el peligro a perder la vida, la propia o la de seres queridos; pero todavía me deja perpleja cómo alguien se deja envolver por el feo manto de la mezquindad debido al miedo que siente a no reconocer que  ha actuado mal o que ha cometido una injusticia.
   Seguramente, el orgullo, producto de la cobardía a no enfrentar los propios malos actos, es el miedo más despreciable de los que conozco y tan dañiño que destruye la bondad natural de los seres humanos.
   Y es que para pedir perdón se necesita más valentía que para herir.
 

jueves, 8 de agosto de 2013

Los ojos tristes del perro del vagabundo

   Ayer miré a los ojos de un perro que acompañaba a un hombre sin rumbo. Su tristeza me hizo volver a escribir en este blog que abandoné cuando la vida me dejó anclada en un puerto de aguas turbias, muy turbias... Pero sé que algún día volveré a salir a alta mar porque el viento volverá a ser favorable. Mientras tanto, paseo por mi barrio observando la vida de los otros. Algunos son más afortunados que yo; sin embargo, también los hay más perdidos. Siempre me embarga una gran pesadumbre al mirar a los ojos de un vagabundo, me gustaría decirle que todo se va a arreglar, que tiene un lugar donde parar y sentirse seguro, un albergue donde siempre puede acudir para recomponer su dignidad y su alma. 
 
   Aquel hombre sin rumbo que descansaba con su perro en un banco del parque tenía su hogar en la mirada de ese animal  que le veneraba como a un dios. Entonces supe que el pequeño ser que me acompañaba en aquel paseo vespertino también era mi tabla de salvación, el que me ayudaba a no zozobrar en estos días de angustia y tristeza. Se llama Bowie y ha aparecido en mi vida en el momento que más lo necesitaba. Si hubiera un Ángel de la Guarda, él me lo habría enviado. Gracias a él no me he hundido del todo en este día a día de amargura. Con sus gracias me ha hecho reír cuando todavía las lágrimas empapaban mi rostro; con sus lametones cura mis crisis de desesperación; con su presencia reconforta  mis soledades; en fin, cuando siento que ya no me queda nada de fuerza, Bowie me levanta de la cama porque, sencillamente, hay que ir al parque a jugar con otros perros...
 
  Dedicado a los ojos tristes de los perros de los vagabundos. 

sábado, 9 de marzo de 2013

Los duendes de la zapatera

Cuando era una niña y enfermaba, uno de los pequeños placeres que hacían menos tediosas las largas horas de guardar cama eran los cuentos que mis padres me compraban. Estos días he recordado uno en especial:
" Érase una vez un humilde zapatero al que le ayudaban unos duendecillos que por las noches le arreglaban y cosían los zapatos y así pudo hacer frente a todos los encargos y superar su pobreza y sus achaques..."
 
Pues había una vez una humilde zapatera a la que sus clientes no le pagaban los arreglos y un buen día tuvo que tomar un dolorosa decisión: dejar su hogar y buscarse otro lugar más barato donde poder cobijarse con su gata y su perro mientras llegaban tiempos mejores.
Acondicionar su nueva morada era costoso, y la fatiga se apoderó de ella porque los días le caían sobre sus espaldas como losas. Su salud se resentía cada vez más mientras luchaba por salir adelante a pesar de las circunstancias adversas que atacaban su precaria existencia; caminaba mal porque sus piernas ya no sabían qué camino seguir; le faltaba aire ya que tenía que trabajar en un ambiente contaminado de tristezas y miserias; y, además, la fuerza de su espíritu se empezaba a difuminar ante el aciago horizonte que le deparaba su futuro inmediato.
Sin embargo, no estaba sola. Unos duendecillos que no querían que se hundiese en el profundo pozo que se abría bajo sus pies, se encargaban de adecentar su nueva casa para que viera algo de luz en su nueva realidad. Así que mientras unos pintaban, otros limpiaban; los más hábiles arreglaban cables eléctricos; algunos, desde la distancia, le mandaban donativos para que pagara facturas; los más "cocinitas" le llenaban el congelador de tarteras de caldo; en fin, cuando la zapatera ya estaba a punto de tirar la toalla, siempre aparecía uno de estos duendecillos y la animaban para que no desfalleciera...
 De este modo, la zapatera pudo volver a asomarse a esta ventana brillante y escribir estas palabras de agradecimiento a sus duendes mágicos: Loli, Mari Carmen, Pepe, Juan, Justa, Tere, Cristóbal, José Luis, Xesco, Paco, Maite, Aurora, Mina, Pedro, Fran, Samantha,...

lunes, 31 de diciembre de 2012

"Adéu, tiet!"


En este día de despedida de un año que acaba con demasiadas tristezas y pocas alegrías, me vais a permitir que escriba sobre una persona que no era famosa, que no tenía poder, que no era responsable de los recortes a causa de esta crisis, y que no destacó nunca por nada especial. Era  uno más de los que pasean sus días por este camino de la vida, a veces tan abrupto.
Murió hace pocos días en una habitación de hospital con la compañía de unos sobrinos que no quisieron dejarlo solo en sus últimos momentos. No tenía hijos ni mucha gente que lo apreciara, y a su funeral asistieron pocas personas. Como única herencia nos dejó a su perrita Fosca que lo acompañó hasta el final de sus días y un piso de alquiler antiguo lleno de recuerdos y de trastos viejos.
Escribo esta entrada dedicada a él porque creo que cualquier ser humano se merece un recuerdo especial y, yo, su ahijada y sobrina, me despido de él dándole las gracias por los momentos compartidos y porque, con su muerte, me ha vuelto a recordar lo efímera que es la vida y lo importante que es cada día que empieza aunque parezca que no podamos levantarnos.
"Adéu, tiet Paco!"