jueves, 10 de julio de 2014

El toro Avenero

El toro Avenero sale junto a sus hermanos para llegar a la plaza donde lo matarán para celebrar unas fiestas ancestrales en una ciudad de España. Él no lo sabe pero el despliegue de medios informativos es espectacular. El animal se adelanta a sus compañeros y comienza a embestir a esos hombres que se sienten protagonistas de un momento único. Su instinto le está hablando: "esos que corren junto a él son sus enemigos y los de sus hermanos". Tiene que correr y ataca. Para unos es malo, para otros da espectáculo y dignidad a la carrera. Pero a él poco le importa, sólo sabe que tiene que defenderse y su bravura y coraje le conduce a sembrar el pánico.
Gracias a Dios no hay víctimas mortales, el único que morirá en la plaza va a ser él mismo pero luchará todo cuanto pueda para morir con dignidad.
Alguna persona desconocida lo verá en el telediario, se identificará con su lucha y escribirá esta entrada en su blog.

martes, 3 de junio de 2014

Disculpad,,,

Disculpad si me permito el lujo de convertir la injusticia en mi propio patrimonio. Entre los miles de millones de habitantes de este planeta seguramente que hay casos más flagrantes que el mío como ejemplo de injusticia. Nunca es consuelo eficaz lo que les pasa a los demás porque siempre nos duele más lo que nos toca de cerca, lo que nos hiere el alma mientras nuestro cuerpo deambula de un lugar a otro pidiendo una respuesta al dolor que sentimos. 
Esta mañana, cuando el despertador me ha anunciado que ya era la hora de maquillar mis penas y enfrentarme a personas que sienten que su vida es también importante, he querido regresar a la cama y no despertar. Tampoco se perdería gran cosa si no saliera a la calle pero sólo tengo esto, mi vida, y tengo que  defenderla mientras me quede un ápice de fuerza y un soplo de aire en mis pulmones.
Hace catorce años entré en un colegio para trabajar con la intención de transmitir algo de lo que había aprendido a unos alumnos que comenzaban a despertar de la infancia y a enfrentarse a las experiencias que la vida depara a un adulto. Hay pocas cosas que me gusten más que ver ese brillo en los ojos del que acaba de aprender algo que no sabía. Al cabo de pocos años los problemas económicos de esa escuela afectaron a nuestras nóminas hasta que nos vimos trabajando sin cobrar. Como podéis imaginar no resultaba fácil subir al autobús y marcar la tarjeta para entrar en un aula y enseñar a unos chicos que los esfuerzos siempre son recompensados. Aun así intenté acabar el curso aunque nos anunciaron que, además de no poder pagarnos nuestros sueldos, todo terminaría en un ERE por insolvencia, sin que nos pagaran las nóminas impagadas ni la indemnización por despido -por lo que las deudas que había contraído durante este período de tiempo quedarían sin saldar-. Humillación, ira, pena, incertidumbre, desesperación,... Enferma de tristeza intento que mis alumnos terminen el curso dignamente a pesar de todo. Lloro en el autobús, cuando voy y cuando regreso; lloro en mi despacho mientras recopilo mis libros y mis carpetas; lloro hasta cuando duermo, soñando; en fin, lloro cuando nadie me ve y cuando intento defender lo único que me queda: cierta dignidad trasnochada que se enfrenta a una realidad indigna.
Concierto una hora en la oficina de los desempleados, somos demasiados para que nadie repare en mí. Mi abogado me deja claro que no existe la justicia universal (por si no me había dado cuenta todavía) y que mis ex-jefes han elaborado un plan, respaldados por la nueva reforma laboral para declararse insolventes y no pagarnos lo que nos deben. Nos queda poca cosa más que aspirar a las migajas que nos adelantará el Fondo de Garantía Salarial que, por otra parte, está saturado por la actual crisis económica, así que nos toca esperar como mínimo un par de años si no pueden vender el edificio.
Mientras todo mi mundo se desmorona como un castillo de naipes, algunos allegados que parecían dignos de confianza se alejan, tal vez por miedo a ser salpicados por la maldición que me persigue o, quizás, exhaustos de tanta desgracia. Y yo sigo llorando perpleja ante tanto dolor. Miro la luna por si tiene respuestas y me observa silenciosa calibrando mi resistencia.
Recorro varias salas de juzgados pero no me dan respuestas. Me exigen más paciencia y conformismo -las cosas son así y debo ser realista-. Me arrebatan la poca esperanza que me queda y envejezco diez años entre las miserias del mundo. 
Hoy llego a casa y agoto lo que me queda de la botella de whisky que me regalaron en navidades los que ya no saben qué decirme para que recupere esa sonrisa que tanto les gustaba. Un empresa financiera de alto nivel ofrece comprar el edificio a cambio de que renunciemos a un 40 % de lo que nos queda después de intentar llegar a diversos tratos. En la sala solamente estoy yo, los demás trabajadores no han venido, y escucho las palabras de los letrados intentando entender cómo es posible que el ser humano Mayte se haya levantado esta mañana para pedir justicia en una ciudad donde se ha dado la espalda a los que sufren de verdad.
¡Disculpad que me haya enrollado tanto! Pero tengo pocas plataformas para hacerme oír...

miércoles, 21 de mayo de 2014

Pan y limones


Dejo la cama llena de pañuelos y  húmeda por la fiebre nocturna para sacar a mi perro y, además, aprovecho para comprar pan y limones. Ando lentamente y con la respiración vibrante por la acción de los virus que siempre me atacan cuando más débil estoy. Me gustaría que alguien me cuidara como cuando era una niña y mi madre me traía una bandeja de pan con  tomate y jamón cocido. Yo pedía cuentos y mi padre me los subía de la calle para que las horas de cama fueran menos aburridas.


 Pero hoy no hay cuentos porque mi vida se lee como una novela naturalista donde el determinismo me conduce a un final que apunta angustia y desolación. Sin embargo, a paso lento y trabajoso hoy puedo comprar pan y limones -incluso me traigo un tetra-brick de caldo para tomar algo calentito que reconforte mi cuerpo enfermo y mi alma abatida- y, sentada en un banco del parque, veo a mi pequeño perro jugar con sus amigos.
 Y sonrío... 

jueves, 17 de abril de 2014

Caldo de cultivo para la intransigencia

La cajera de un supermercado le preguntó a una de sus clientas habituales en qué idioma quería la revista que le mandan cada mes: ¿en catalán o en castellano?. La señora, de unos ochenta y pico años, le contestó que aunque le daba igual quizá le costaría menos leerla en castellano. Ante esta respuesta, una mujer que esperaba en la cola se puso como una fiera y llegó a faltarle al respeto sin que esa anciana pudiera comprender bien la situación ni defenderse.
Parece una anécdota sin apenas importancia, pero la cara de mi pobre madre cuando nos explicaba lo que le había sucedido era de tristeza, no entendía por qué la había atacado verbalmente esa otra señora. 
Llegó a los dieciséis años a Barcelona con un triste equipaje lleno de penas y de nostalgia por su Granada natal. Su familia tenía que empezar de cero fuera de su tierra por pertenecer al bando de los derrotados de una guerra que sumió a España en una larga y cruel dictadura. En Cataluña encontraron de todo, personas que los ayudaron y algún que otro que no aceptaba de buen grado a los inmigrantes y los trataba con desprecio. 
Cuando mi madre se casó con mi padre ya imaginó que esta ciudad sería la cuna de sus hijos y que en Montjuic descansarían los restos de sus padres, y quiso a esta tierra tanto como a la que la vio nacer.
Aprendió las costumbres catalanas a través de la familia de su marido y las convirtió en propias mezclándolas con total naturalidad con las de su Andalucía. En su negocio, una droguería- perfumería de Badalona, hablaba en catalán con las clientas que se dirigían a ella en esta lengua, incluso sin haber recibido ninguna clase, y apuntó a su hija pequeña para que aprendiera sardanas en su colegio cuando la democracia lo permitió. En el último partido de fútbol que enfrentó al Barça con el Granada no pudo saborear la victoria del segundo porque estaba apenada por la derrota del primero.
En fin, he querido escribir esta entrada porque refleja lo injusta que es la intransigencia y el peligro que conlleva juzgar sin conocer. Y no olvidemos que cuando restamos importancia a las pequeñas injusticias estamos abonando la tierra para otras más flagrantes y dolorosas...

sábado, 22 de marzo de 2014

Paso a paso

Paso a paso, en la calzada de los que ya solo pueden caminar, se han acercado a la gran ciudad y ya saben que tienen pocas cosas que perder. 
La lluvia que moja a los caminantes limpia la palabra "dignidad" que se ha ensuciado de tanto mal uso y abuso. Para algunas personas debería estar prohibido pronunciarla, solo los que ya no tenemos nada podemos llenarnos la boca y el alma de dignidad. 
Mientras las huellas de los que marchan se pierden entre los que van detrás de la gran nube de polvo hecha de miserias e injusticias, yo busco el sendero de mi maltrecha dignidad que se levanta cuando caigo y tiende su mano para que no me quede en el suelo derrotada.
Y ella está a mi lado y cerca de todos los que sufren. La dignidad es patrimonio de los que pierden en esta ruleta cínica de la vida.
Por eso podemos gritarla y defenderla ante los que pretenden escupir sus letras y mancillar su esencia.

miércoles, 8 de enero de 2014

¡Hola!...¿Justicia?...¿Hay alguien?...

Hoy he estado en un juzgado. Ni he visto al juez, para él apenas represento unos cuantos dígitos de un DNI. Mi abogada intentaba lograr una sentencia justa que compensara los más de dos años (y lo que me queda) de tortura. Trabajando muchos meses sin cobrar; noches de insomnio por no poder pagar facturas; daño emocional por la pérdida de un trabajo que forma parte de mi identidad como persona -es lo que tiene ser profesora vocacional-; dolor al ver a los que te quieren sufrir por ti; la agonía que supone contraer deudas económicas para una persona honesta que ya padecía si un amigo le pagaba el autobús porque se había olvidado la tarjeta; la incertidumbre de qué va a ser de ti y de tu futuro profesional con la coyuntura actual; en definitiva, ¿qué precio tienen todas mis lágrimas derramadas por una injusticia como la que estoy viviendo? Pues es doloroso reconocerlo,¡ pero valen una P. M.! Y encima, como mis exjefes se declaran insolventes, aunque tienen la propiedad del colegio para vender, pues he regresado a mi casa tal y como he salido: con los bolsillos vacíos de dinero y, además, sin ilusión por seguir viviendo en un mundo tan injusto. Para mí el suicidio no es una opción porque no soportaría hacer daño a los que me quieren, pero cada vez comprendo más a los que, desesperados, toman esta decisión drástica. 
Y, claro, no soy una infanta con un padre con influencias. Ni siquiera he cometido ningún delito, o sí, tal vez mi gran crimen haya sido nacer anónima, ser un número de ocho dígitos y una letra, y la pena impuesta por la ley sea la de ser tratada injustamente aunque jamás haya estafado, ni herido, ni matado.

domingo, 15 de diciembre de 2013

"Una piedra en el camino...

...me enseñó que mi destino era rodar y rodar..."
Llevo mucho tiempo encontrando piedras en mi camino. La rodilla derecha me empieza a fallar de tanto saltarlas porque no siempre puede uno esquivarlas.
La intemporalidad de la música me ha llevado a identificar mi pasado reciente y mi presente con esta ranchera que, afortunadamente, termina con ese grito de fuerza y de dignidad: "...pero sigo siendo el rey". Y, aunque soy republicana de cuna y "no tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda", me adhiero a esa afirmación monárquica mientras siga encontrando piedras y más piedras en mi camino. La última, por cierto, la tengo dentro, concretamente en mi riñón y su expulsión está resultando muy dolorosa.


 Sin embargo, como dijo aquel arriero "no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar".
¡Viva la sabiduría popular!

lunes, 2 de diciembre de 2013

¡Bienvenidos al fantástico reino de los verdugos!

¡Pasen y vean!
¡Señores y señoras! ¡Niños y niñas! ¡Trabajadores y parados! ¡ Víctimas y verdugos!:

¡Bienvenidos al fantástico circo del Absurdo, donde los que lo hacen bien pierden y los que joden al prójimo obtienen fabulosos premios o, en su defecto, una palmadita en la espalda para animarlos a que no dejen de intentarlo!
¡Es el Reino del Disparate!
¡Pasen y vean!
¡No podrán dejar de sorprenderse! ¡Cuando piensen que no puede haber mayores injusticias, uno de nuestros monstruos les volverá a dejar con la boca abierta!
¡Aquél que mate a tres niñas después de violarlas podrá salir en libertad como si solo se lo hubiera hecho a una! ¡ Que más da! ¡El crimen está de rebajas! ¡Unos cuantos burócratas que han hecho pésimamente su trabajo lo han decidido así!
¡No dejen de disfrutar de este bochornoso espectáculo!
¡Aquí las víctimas tienen menos derechos que sus verdugos! ¡Los que delinquen, estafan, roban y matan son tratados con más consideración que los que intentan seguir el camino, cada vez menos transitado, de la honestidad y de la bondad!
¡Dejen su perplejidad en el sofá de sus casas y asistan al derrumbe de todo lo que una civilización avanzada y sabia hubiera podido construir!
No sé si las quince toneladas que recogió el Banco de Alimentos podrán devorar todo el cinismo que impregna esta entrada porque, aunque como muchos ciudadanos colaboré en la medida de mis posibilidades, me sigue pareciendo injusto que el gobierno de un país que se considera civilizado deje desamparados a tantos ciudadanos que tienen hambre de pan y de justicia.
¡Pero PASEN Y VEAN! ¡No den la espalda a tanta injusticia!

viernes, 18 de octubre de 2013

El orgullo del cobarde

   El miedo es tan humano como el respirar, aunque, a veces, precisamente ese miedo te cierre los pulmones y sientas que el globo de la vida se desinfla y se te escapa de las manos.
   Cualquiera de los que leéis estas palabras lo habréis experimentado más de una vez, de hecho dicen que el primer llanto de un recién nacido se debe a esta emoción que nos asalta ante lo imprevisto y ya, desde ese preciso momento, tenemos que empezar a superarlo para poder saborear todo lo que nos traerán los días que nos esperan.
   De algún modo, este miedo se puede convertir en algo positivo si lo llamamos prudencia y si nos impide cometer cualquier tontería que no evitaríamos si no nos paralizara; aunque también nos puede convertir en seres cobardes que no se atreven a despertar de su letargo de espanto.
   Sin duda, después de todas mis experiencias de terror ante los cambios y los imprevistos, solamente puedo decir que lo mejor del miedo es que, paradójicamente, te puede hacer valiente; tampoco queda otra: o te enfrentas a él o te sumes en una cobardía peligrosa para ti y para quienes te rodean. Por desgracia, creo que el factor´determinante para que una persona cualquiera, incluso con buen fondo, se convierta en un ser mezquino, capaz de la mayor de las ruindades, es ese miedo que no le permite enfrentarse a sus propios actos y reconocer sus errores.
   No es necesario sufrir los avatares de una guerra para descubrir que la persona más bondadosa es capaz de la peor de las miserias a causa del miedo. Se podría comprender ante el peligro a perder la vida, la propia o la de seres queridos; pero todavía me deja perpleja cómo alguien se deja envolver por el feo manto de la mezquindad debido al miedo que siente a no reconocer que  ha actuado mal o que ha cometido una injusticia.
   Seguramente, el orgullo, producto de la cobardía a no enfrentar los propios malos actos, es el miedo más despreciable de los que conozco y tan dañiño que destruye la bondad natural de los seres humanos.
   Y es que para pedir perdón se necesita más valentía que para herir.
 

jueves, 8 de agosto de 2013

Los ojos tristes del perro del vagabundo

   Ayer miré a los ojos de un perro que acompañaba a un hombre sin rumbo. Su tristeza me hizo volver a escribir en este blog que abandoné cuando la vida me dejó anclada en un puerto de aguas turbias, muy turbias... Pero sé que algún día volveré a salir a alta mar porque el viento volverá a ser favorable. Mientras tanto, paseo por mi barrio observando la vida de los otros. Algunos son más afortunados que yo; sin embargo, también los hay más perdidos. Siempre me embarga una gran pesadumbre al mirar a los ojos de un vagabundo, me gustaría decirle que todo se va a arreglar, que tiene un lugar donde parar y sentirse seguro, un albergue donde siempre puede acudir para recomponer su dignidad y su alma. 
 
   Aquel hombre sin rumbo que descansaba con su perro en un banco del parque tenía su hogar en la mirada de ese animal  que le veneraba como a un dios. Entonces supe que el pequeño ser que me acompañaba en aquel paseo vespertino también era mi tabla de salvación, el que me ayudaba a no zozobrar en estos días de angustia y tristeza. Se llama Bowie y ha aparecido en mi vida en el momento que más lo necesitaba. Si hubiera un Ángel de la Guarda, él me lo habría enviado. Gracias a él no me he hundido del todo en este día a día de amargura. Con sus gracias me ha hecho reír cuando todavía las lágrimas empapaban mi rostro; con sus lametones cura mis crisis de desesperación; con su presencia reconforta  mis soledades; en fin, cuando siento que ya no me queda nada de fuerza, Bowie me levanta de la cama porque, sencillamente, hay que ir al parque a jugar con otros perros...
 
  Dedicado a los ojos tristes de los perros de los vagabundos. 

sábado, 9 de marzo de 2013

Los duendes de la zapatera

Cuando era una niña y enfermaba, uno de los pequeños placeres que hacían menos tediosas las largas horas de guardar cama eran los cuentos que mis padres me compraban. Estos días he recordado uno en especial:
" Érase una vez un humilde zapatero al que le ayudaban unos duendecillos que por las noches le arreglaban y cosían los zapatos y así pudo hacer frente a todos los encargos y superar su pobreza y sus achaques..."
 
Pues había una vez una humilde zapatera a la que sus clientes no le pagaban los arreglos y un buen día tuvo que tomar un dolorosa decisión: dejar su hogar y buscarse otro lugar más barato donde poder cobijarse con su gata y su perro mientras llegaban tiempos mejores.
Acondicionar su nueva morada era costoso, y la fatiga se apoderó de ella porque los días le caían sobre sus espaldas como losas. Su salud se resentía cada vez más mientras luchaba por salir adelante a pesar de las circunstancias adversas que atacaban su precaria existencia; caminaba mal porque sus piernas ya no sabían qué camino seguir; le faltaba aire ya que tenía que trabajar en un ambiente contaminado de tristezas y miserias; y, además, la fuerza de su espíritu se empezaba a difuminar ante el aciago horizonte que le deparaba su futuro inmediato.
Sin embargo, no estaba sola. Unos duendecillos que no querían que se hundiese en el profundo pozo que se abría bajo sus pies, se encargaban de adecentar su nueva casa para que viera algo de luz en su nueva realidad. Así que mientras unos pintaban, otros limpiaban; los más hábiles arreglaban cables eléctricos; algunos, desde la distancia, le mandaban donativos para que pagara facturas; los más "cocinitas" le llenaban el congelador de tarteras de caldo; en fin, cuando la zapatera ya estaba a punto de tirar la toalla, siempre aparecía uno de estos duendecillos y la animaban para que no desfalleciera...
 De este modo, la zapatera pudo volver a asomarse a esta ventana brillante y escribir estas palabras de agradecimiento a sus duendes mágicos: Loli, Mari Carmen, Pepe, Juan, Justa, Tere, Cristóbal, José Luis, Xesco, Paco, Maite, Aurora, Mina, Pedro, Fran, Samantha,...

lunes, 31 de diciembre de 2012

"Adéu, tiet!"


En este día de despedida de un año que acaba con demasiadas tristezas y pocas alegrías, me vais a permitir que escriba sobre una persona que no era famosa, que no tenía poder, que no era responsable de los recortes a causa de esta crisis, y que no destacó nunca por nada especial. Era  uno más de los que pasean sus días por este camino de la vida, a veces tan abrupto.
Murió hace pocos días en una habitación de hospital con la compañía de unos sobrinos que no quisieron dejarlo solo en sus últimos momentos. No tenía hijos ni mucha gente que lo apreciara, y a su funeral asistieron pocas personas. Como única herencia nos dejó a su perrita Fosca que lo acompañó hasta el final de sus días y un piso de alquiler antiguo lleno de recuerdos y de trastos viejos.
Escribo esta entrada dedicada a él porque creo que cualquier ser humano se merece un recuerdo especial y, yo, su ahijada y sobrina, me despido de él dándole las gracias por los momentos compartidos y porque, con su muerte, me ha vuelto a recordar lo efímera que es la vida y lo importante que es cada día que empieza aunque parezca que no podamos levantarnos.
"Adéu, tiet Paco!"

viernes, 7 de diciembre de 2012

La escuela no es un campo de batalla

Cuando la escuela se convierte en un campo de batalla la sinrazón gana la guerra y esto es lo que quieren provocar los unos y los otros.
¿Dónde se esconden el respeto a la cultura catalana y el tan ensalzado "seny" catalán?
Señores políticos de los dos bandos, les debo recordar que los derechos fundamentales del niño suscritos por la Unesco y por Unicef, recogen una cuestión primordial que parecen haber olvidado: todo niño tiene derecho a recibir educación en su lengua materna.
En Cataluña coexisten dos lenguas oficiales habladas de forma espontánea por sus ciudadanos, sin embargo, la política de inmersión lingüística de la Generalitat relegó a la lengua castellana de la educación de los catalanes convirtiéndola en una asignatura impartida dos o tres horas semanales -en el mejor de los casos- y excluyéndola como lengua vehicular.
Si dejáramos a un lado los rencores generados durante la dictadura franquista que intentó destruir -infructuosamente gracias a Dios- el apego de los catalanes hacia nuestro idioma, nos percataríamos de que una lengua es fundamentalmente una herramienta de comunicación y que cuantas más dominemos mejor. La teoría de que el castellano no hace falta aprenderlo bien en la escuela porque los catalanes ya lo pueden aprender en la calle y en la televisión no se fundamenta en una base pedagógica, ya que para conocer bien una lengua ésta debe ser utilizada en ámbitos académicos.
Todavía no entiendo por qué no se contempla la alternativa más justa y, sin duda, más eficaz para el aprendizaje de ambas lenguas, que es la de usar las dos  como vehiculares repartiendo las materias de una forma equilibrada para que los alumnos catalanes conozcan y se expresen mejor tanto en catalán como en castellano. Lo más paradójico es que el sistema de inmersión lingüística perjudica sobretodo a los niños cuya lengua materna es el catalán porque tienen menos ventajas que los castellanohablantes ya que tienen menos competencias lingüísticas en castellano y en su futuro profesional podrían sentirse limitados tanto si ejercen su profesión en Cataluña como si deben salir de su tierra. Y, por desgracia, sé de lo que hablo porque soy profesora y me llegan alumnos de colegios donde no han cursado apenas la lengua castellana que tienen serias dificultades en expresarse , tanto oralmente como por escrito, en esta lengua.
Deberíamos observar e imitar sistemas educativos de otros países, como Luxemburgo, donde la cooficialidad de lenguas no supone un enfrentamiento entre estas sino una suma productiva de las mismas.
A estos señores que rigen los destinos educativos de nuestros chicos les recomendaría la lectura de un libro escrito por Mercè Vilarrubias en defensa de la educación bilingüe titulado: Sumar y no restar que supone un estudio muy cabal sobre este tema.
Para finalizar, y ya que no puedo decírselo a la cara, me gustaría decirle al señor Wert que el catalán es nuestra lengua igual que el castellano y no se puede relegar a una lengua subordinada y anécdotica y que, por tanto, debe tener el rango de troncal porque sino está haciendo con ella lo mismo que hoy en día se hace con el castellano.

viernes, 9 de noviembre de 2012

A lo mejor es el momento...

En la lucha entre el Bien y el Mal, como en las novelas de Tolkien, ¿dónde quedan los matices?
Creo que es el momento de marcar unos límites aunque no necesariamente se debe caer en el maniqueísmo ni en la demagogia. Y esto lo escribe una de las personas más relativistas que conozco: yo misma.
Ya no hay vuelta de hoja: el capitalismo ha muerto de éxito. Se ha convertido en un verdugo de sí mismo y, lo peor, en verdugo de tantas personas que caen víctimas de la avaricia de unos pocos que deberían ser apartados de la sociedad, porque ellos son los verdaderos advenedizos. Son personas con nombre y apellidos, que se levantaban cada mañana, como tú y como yo, con la intención de sobrellevar los problemas y encontrar alguna razón para sonreír.
Esta mañana, Amaia no ha podido más y se ha tirado desde una ventana que ya no le devolvía la luz de la esperanza.  En los telediarios dicen que se ha suicidado, pero no es cierto, Amaia ha sido asesinada con el arma de la avaricia de los bancos y por culpa de la desidia de unos políticos que sólo ven el bosque, pero no reparan en cada uno de los árboles que lo forman.
¿Cuántas muertes son necesarias para que este mundo se percate de que el capitalismo no puede gobernar la vida de los seres humanos?
No hay respuesta.
O tal vez no interesa escuchar a algunas voces incómodas para los de arriba porque están demasiado cargadas de razón.
Humildemente, reconozco no tener una fórmula mágica que pueda sustituir a este sistema económico obsoleto y destructivo; sin embargo, tengo los oídos abiertos a cualquier alternativa que cuide de estos árboles, que están enfermando de tanta injusticia, ya que sin ellos no hay bosques.
 
Me gustaría pensar que, como en los poemas épicos, ganarán los buenos; no obstante, siempre los héroes deben luchar contra las injusticias y no resignarse ante la adversidad. Supongo que este mundo necesita más que nunca caballeros honestos que maten al dragón y no hay que descartar a ningún candidato...A lo mejor uno de ellos podría ser, por ejemplo, Christian Felber, el adalid de la Economía del Bien Común. ¿Quién sabe? Quizá no vaya desencaminado y lo único que necesite sea que lo apoyemos...

domingo, 30 de septiembre de 2012

Las banderas siempre se manchan de sangre


Nací en una Cataluña con eñe, pero pronto viví en una Catalunya que recobraba su esencia cultural de forma vertiginosa e imparable; una tierra sedienta de identidad propia que bebía el agua que durante décadas le había negado la dictadura franquista. Mi padre escuchaba el himno de "Els segadors" con las ventanas abiertas tras toda una vida de miedos y de censuras. En el colegio, mi madre, aunque andaluza de origen, me apuntó a una asociación que divulgaba el folklore catalán y aprendí a bailar sardanas a la vez que en el tocadiscos del salón, todos los domingos, se escuchaban las coplas de la Piquer o las rumbas de Peret.
Con mi familia paterna siempre hablaba en catalán y con la materna en castellano, así que se puede decir que soy una de tantas personas bilingües que crecen con la riqueza que supone la unión de dos culturas con una larga tradición. Jamás he pensado que una es mejor que la otra porque ningún lugar, aunque sea el de tu nacimiento es superior a otro. Por este motivo me da tanta pena que en mi tierra se esté fomentando una de esas guerras de banderas que provocan irremediablemente una fractura social que no puede conducir a nada bueno. Si algo podemos aprender de la historia de nuestros antepasados es que mezclar nacionalismos y religiones con política sólo comporta injusticia, marginación y, en el peor de los casos, guerras.
Si por algo vale la pena luchar -a pesar de que parezca una contradicción- es por la paz. Mis profundas creencias pacifistas siempre me han conducido a desconfiar de las personas e ideas que puedan promover odios, por tanto, no puedo apoyar a los que quieren la independencia de Catalunya.
Solamente secundaría una iniciativa semejante en una situación de opresión de una cultura sobre otra y esto no es así ya que jamás la cultura catalana ha sido más valorada y protegida que en estos tiempos, hasta podría decir que en algunos casos está por encima de la española (por ejemplo, en la enseñanza donde el catalán es la única lengua vehicular permitida en los colegios).
Son malos tiempos para la paz que a menudo se diluye en el fango de la pobreza. La miseria no tiene paciencia y de eso se aprovechan muchas personas que lo único que quieren es salvar lo suyo aunque sea a costa de lo de los demás.
No hay que ser muy clarividente para observar cómo nos manipulan desde arriba, a través de los medios de comunicación y mediante unos trapos de colores que se llaman banderas y que, a menudo se manchan de la sangre de los heridos en mil batallas fratricidas.
Hace tiempo que comprendí que en el mundo sólo hay dos países : el de la Riqueza y el de la Pobreza. Y yo con los ricos tengo poco que ver, aunque sean catalanes.
 

miércoles, 15 de agosto de 2012

Para Elisa...

Recuerdo que era una mañana de sábado, en primavera. Todos sabíamos que el final estaba cerca, él también. Lo último que me dijo es que ya estaba harto de tanto dolor y pedía que se acabara ese sufrimiento, por eso cuando me llamaron sufrí un choque de emociones encontradas: por un lado, alivio; por otro, la inmensa tristeza de la última despedida.
Mi padre no era para nada perfecto, me faltarían dedos de las manos para enumerar sus defectos, sin embargo, a menudo se me aparece en las más pequeñas cosas: cuando estoy en la playa le recuerdo apareciendo con helados para despertar nuestras sonrisas; recuerdo sus ollas de sangría que alegraban nuestras fiestas de verano; el gran placer que sentía - y que yo he heredado- ante una buena comida; en fin, cuando se fue me quedé con todo lo bueno porque sólo tenemos un padre y no podemos elegirlo.
Aquel 17 de mayo el taxista que me conducía al hospital me decía  mientras las lágrimas se resbalaban incesantes por mis mejillas : " Tranquila que llegaremos a tiempo para que te despidas". Es curioso como en momentos tan cruciales una frase de un extraño puede darte tanto consuelo.
Por este motivo, y con perdón del insigne Beethoven, esta entrada es para ti, Elisa.
Son palabras de una extraña a la que apenas conoces pero que están escritas desde el cariño que siempre he encontrado en tus comentarios.
Un abrazo,
Mayte.

sábado, 4 de agosto de 2012

El velo de los hombres

No recuerdo exactamente el momento en que tuve conciencia de mi sexo. Ser mujer es algo aleatorio producto de una simple combinación genética y no tiene más envergadura que la de ser moreno o tener los ojos azules. Lo que sí puedo rememorar son ciertos detalles que empezaron a ponerme en sobreaviso de que mi condición femenina podía convertirse en un problema añadido a mi condición de ser humano.
 A mi vida llegaban mensajes confusos que no podía aceptar sin protestar, por ejemplo, el número de horas que mi madre se pasaba en "su" cocina mientras los demás ocupábamos las otras estancias de la casa; o la eterna discusión a la hora de hacer las tareas: yo tenía que ayudarla para así aprender a llevar un hogar en un futuro y ser "una mujer de su casa". Sin embargo, mi sentido de la justicia, o lo que para mi madre no era más que una rebeldía cruel que la hería en lo más hondo, me condujo a rechazar estas imposiciones propias de una cultura mal entendida, donde la mujer siempre ha callado y, en silencio, ha seguido los dictámenes de una sociedad patriarcal  que ha amordazado a tantos y tantas valientes que se atrevieron a protestar.
Mi pobre madre no lo entendía, estaba educada para no comprender que ella tenía tantos derechos como los de su marido. Lo que sí que es cierto es que hoy nos seguimos mirando con cariño porque en esta lucha por mis derechos jamás quise sacrificar ese amor tan puro que te da una madre.

Seguramente, el siglo XX será recordado como el siglo de la revolución de la mujer. Hay un antes y un después, pero todavía queda un largo trecho... nada más hay que ver la televisión para que nos percatemos de las múltiples injusticias que sufren tantas mujeres en todo el mundo.
Todavía existen demasiadas creencias que promulgan la obediencia ciega y la sumisión al hombre de la mujer y, lo que es peor, muchas mujeres que las consideran buenas. Pero ¿cómo se puede creer que una mujer debe ocultar su belleza para que los hijos de Adán no se exciten? Si los dioses de las religiones han creado todo lo que nos rodea, un buen creyente tendría que valorar esa creación, no avergonzarse de ella.
 En todo caso, se debería tapar toda la ignominia y la maldad de los hombres, pero para eso no existen velos suficientes.

jueves, 12 de julio de 2012

Hace tiempo que...

Hace tiempo que no tengo fuerzas ni para escribir en mi blog. Me he convertido en una más de los millones de parias que intentan sobrevivir a esta crisis que más que económica se ha convertido en una de las crisis morales más graves de los últimos tiempos.
No suelo dar muchos datos de mi vida privada en estas páginas de cristal pero debo decir, para que entendáis un poco mejor mi postura, que llevo cuatro meses seguidos trabajando sin cobrar un duro. Diría que soy una especie de esclava aunque no sería exacto porque yo, además de no cobrar por mi esfuerzo, encima debo pagar: transporte, intereses de tarjetas de crédito, etc.
En fin, tan solo soy una más pero me duele.
Me duele ponerme delante de unos alumnos intentando motivarles para que se formen para afrontar un futuro cada vez más negro.
Me duele que me miren pensando si les servirá ese esfuerzo lo mismo que a mí, es decir, para que ni siquiera le paguen un sueldo.
Me duele que los de arriba nos consideren números estadísticos.
Me duele que el presidente de mi país, cual esbirro de los señores MERCADOS FINANCIEROS, tenga el valor de decir que bajando la prestación de desempleo los parados buscarán más trabajo.
 Me duele que mi madre, pensionista jubilada,  esconda en mi bolso dos tarjetas multiviajes para que pueda ir a verla en autobús.
Me duele pensar que quizás el mes que viene ya no pueda colaborar en la ONG en la que apadrino a un niño.
Me duele que los más débiles paguen las mansiones de los ricos.
Me duele que aguantemos como reses esperando al matarife.
Me duele...la vida.
Estoy de luto por la esperanza perdida.
Ojalá resuciten los días en los que pensaba que existía un sentido para seguir adelante.
Perdón por este pesimismo, aunque me cuesta encontrar una razón para el optimismo...o sí, tal vez haya una: el amor que estoy recibiendo a raudales de los míos.
 ¡Si el amor fuera dinero sería millonaria!

martes, 22 de mayo de 2012

¡Hemos llegado a las puertas de MORDOR!

A quien no escucha:
El estruendo es cada vez más fuerte. Es el grito de los que no nos conformamos con la injusticia. De los que queremos que esos delincuentes con corbata y sonrisa displicente paguen con la cárcel sus delitos, sus estafas millonarias que sumen a las personas en la desesperación y en la miseria.
Desde este pequeño foro me sumo a la iniciativa de lucha contra la Banca, contra el poder de Mordor, que amenaza con estrangular todos los derechos y todos los sueños que la humanidad ha ido conquistando con el sacrificio y la lucha de muchas personas que creyeron en la igualdad y en la justicia para todos. Y digo para TODOS. Aprendamos de países como Islandia y digamos BASTA.
¡No dejemos que nos amordacen!
Mordor y sus secuaces cometieron un error: hace años que dejaron que los pobres accediéramos a la cultura, permitieron la escolarización gratuita y crearon hobbits preparados para luchar por sus derechos y por su dignidad. Ahora quieren rectificar y regresar a aquellos tiempos en los que sólo podían estudiar los que tenían dinero.
Ya lo decía Carmen, el personaje principal de la novela de Delibes Cinco horas con Mario:
"...hay vocaciones para pobres y vocaciones para gente bien, cada uno en su clase, creo yo, que a este paso, a la vuelta de un par de años, el mundo al revés, los pobres de ingenieros y la gente pudiente arreglando los plomos de la luz, fíjate qué gracia."
Y fue en los años sesenta del pasado siglo...Desde entonces ha llovido mucho y han germinado muchas semillas plantadas, y ahora vienen unos jardineros  de alta cuna y quieren podar las plantas, recortarnos las ramas e impedir que crezcamos, no se lo vamos a poner fácil, aunque nos roben descaradamente los frutos de nuestro esfuerzo.
En un día como hoy, también quiero rendir homenaje a todos aquellos que permitieron que una chica de clase humilde como yo tuviera acceso a la cultura gracias a la escuela pública:
¡Que no nos quiten el derecho a aprender!

lunes, 14 de mayo de 2012

Ghandi nos sonríe...

Ghandi nos sonríe y nos saluda desde el paraíso de los que jamás se rindieron porque sabían que su lucha era justa y necesaria.

Es importante que no nos pueda la impaciencia ni el desaliento; igual que en las grandes epopeyas, los héroes no se dejan abatir por las penalidades ni por los que dudan de su valía.

Una destacable diferencia es que en las plazas no se baten contra un contendiente de carne y hueso ni el trofeo es la mano de la princesa. Aquí  el enemigo tiene un millón de ojos y poco corazón, pero una fuerza que sólo puede menguar con la unión de un millón de manos que saluden y sonrían, con la fortaleza de los que saben que no les queda otra que buscar una salida digna para esta trampa donde nos han metido.

Somos demasiados para que puedan con nosotros y ayer lo demostramos.
¡Nos vemos en las nuevas ágoras del pueblo!